Uno de los personajes más denostados en la historia de México ha sido Malintzin, a quién se acusa de haber colaborado con los conquistadores españoles y con ello, traicionado a los suyos.
Sin querer entrar en discusiones estériles o caer en erudiciones históricas, la realidad es que fue una mujer de su tiempo y el triunfo del invasor, se hubiera producido aun a pesar de ella.
El estigma ha sido tan grande que, a las personas que prefieren lo foráneo a lo nacional, se les dice coloquialmente “malinchistas”.
A México han llegado y abrazado nuestra cultura muchos extranjeros de inefable valía.
Esa migración ha sido una carretera de dos vías. Por un lado, ellos encontraron cobijo y pan en esta tierra maravillosa y nosotros nos nutrimos con su laboriosidad e inteligencia.
El futbol no es la excepción. Grandes futbolistas han llegado para aportar su clase y calidad. Muchos de ellos incluso se quedaron a vivir aquí, formando una familia o engrandeciendo la que ya venía.
Los nombres son muchos y enumerarlos nos podría hacer caer en la injusticia de alguna omisión u olvido.
El problema es que se ha caído, desde hace ya algunos años, en un lamentable exceso.
Se dejó de importar calidad para traer cantidad, en muchos casos, aprovechando lagunas reglamentarias o cayendo, desgraciadamente, en francas corruptelas entre agentes y directivos.
En las alineaciones de todos los equipos menos Chivas, por razones más que obvias, podemos ver hasta a siete extranjeros.
Antes de que se reglamentara a cuantos foráneos se podía registrar, independientemente de los que estarían en cancha, me tocó visitar a los “Tiburones rojos” del Veracruz.
El partido inter escuadras de media semana, que enfrenta a titulares contra suplentes, fue jugado por ¡veintidós extranjeros!, como para volverse loco.
Otro departamento en que Doña Malinche vuelve a aparecer es con los directores técnicos.
Para la temporada que está por iniciar, solo cuatro equipos serán dirigidos por estrategas aztecas. Xolos, Puebla, Bravos y Necaxa han apostado por material nacional.
Sin embargo, por la cortedad de los planteles, dudo que lleguen a media temporada y ahí vendrá una avalancha de entrenadores de otras latitudes.
Ojo, no estoy en contra de aquellos elementos que muestran capacidad, trabajo y dan resultados.
Solo señalo que, generalmente, vienen con carro completo en su cuerpo de ayudantes y que se les tiene mucha más paciencia que a un mexicano.
Los torneos cortos hacen que los puntos que se escapan vayan en detrimento de la duración en el cargo del técnico.
La realidad es que son pocos los equipos con una estrategia definida a largo plazo.
Ya no hay descenso pero los últimos lugares deben pagar una multa que, por cierto, nadie ha visto nunca un documento que avale dicho pago, pero esa es otra historia.
Tampoco exonero a los entrenadores mexicanos, en algunos casos, de su falta de compromiso.
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