Chale!, cuando tengo que escribir sobre asuntos del pasado, me duelen los huesos y me escuece el alma, pero a lo hecho, pecho y que venga la tambora y me toquen el quelite, diría “el Sinaloense”.
Estoy redactando esta colaboración luego de haber desayunado con mi hermano Francisco Alva Meraz, nativo de Emiliano Zapata, en este maravilloso Estado de Morelos, con motivo de su cumpleaños número 67.
Mi compadre Pancho le arrancó a la vida, desde un origen humilde, la oportunidad de ser alguien en la vida.
Logró vencer todo tipo de adversidades para llegar a la Universidad y titularse como Contador Público.
En la administración pública, pasó por todos los puestos hasta ser nombrado director de Auditoría Fiscal.
Eso y su indomable carácter lo llevaron a fundar un despacho de la especialidad que pronto se convirtió en todo un referente no solo en la capital sino en toda la entidad.
Incursionó en la política, (nadie es perfecto), para convertirse en Alcalde de su municipio y luego en Diputado local.
También fue árbitro profesional y luego como dirigente, puso a Morelos en el mapa nacional al ser la Delegación más exitosa, por encima incluso de la del entonces Distrito Federal.
Americanista, (insisto, nadie es perfecto), conversar de futbol con él es un agasajo.
Un servidor llegó, junto con su familia, a vivir a la “Eterna Primavera” hace 35 años y desde entonces, llevo una relación de hermandad con este personaje.
Recuerdo que en la primera entrevista me dijo: “Te advierto que mi ídolo en el arbitraje es Edgardo Codesal”, a lo que respondí: “Yo no aspiro a ser tu ídolo, pero quiero ser tu amigo” y la profecía se cumplió.
Recuerdo que una vez, cuando estaba inscrito en el listado de la Primera “A”, como se conocía a la división de ascenso, Francisco fue designado para dirigir el “clásico morelense”, entre el Zacatepec y el Atlético Cuernavaca, en el glorioso estadio Agustín “coruco” Díaz.
Era pleno verano y al temperatura no bajaba de los 40 grados, más la consabida humedad y la altura del pasto que te cubría el zapato.
En la tribuna estábamos cómodamente sentados Maximiliano Courett, en su calidad de visor y yo, con una chela en la mano, como vil metiche.
Al minuto 88 viene un contragolpe y Pancho queda rezagado, fruto normal de la jugada.
El buen Max me dice: “ya se cansó tu compadre” y yo contesté: “no mames pelón, aquí te deshidratas hasta en la tribuna” .
Soy padrino de su hija Paloma y él siempre ha estado al pendiente de mis vástagos, por lo que puedo afirmar que es uno de mis mejores amigos.
Al desayuno que le platico, también asistieron dos grandes jueces deportivos y mejores personas: los hermanos Delgado Horcasitas, Poncho e Isaías quienes, por cierto, corrieron con la cuenta.
Ya era hora de cortar una flor de su jardín.
Muchos de esa flota ya se “dieron de baja” o se “cambiaron de cabaret”. Los que aun estamos, debemos dar gracias a Dios y seguir ejercitando la amistad. Somos orgullosamente…Los viejos de la Comarca.
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