Luciano Pavarotti ha sido uno de los más reconocidos tenores en la historia de la música selecta. Italiano, amante de la buena mesa, la copita y el futbol. Alguna vez declaró que su vida, logros, proyectos y evaluación de resultados, los medía por cuatrienios, como el Mundial. Se cuenta que, en alguna ocasión, fue invitado a una función, que resultó particularmente mala. Al salir del teatro, fue reconocido y abordado por una nutrida nube de reporteros.
Le pidieron su impresión sobre lo que acababa de presenciar y su respuesta fue: “que fea es la ópera fea” Pues lo mismo digo luego de tener que soplarme, completito, el soporífero encuentro entre el América y el cuadro de Philadelphia Union. ¡Qué cosa más espantosa! Se dice que el equipo estadounidense está en reconstrucción.
En la MLS, actualmente, no ha ganado ni un partido y, aun así, le puso las peras a veinticinco a los dirigidos por André Jardine. Sin hacer gala de buen futbol, manejo del balón, planeación táctica, les bastó el pundonor, su condición física y la mentalidad, para estar a nada de generar la tragedia.
En el nido de Coapa se han emitido varios clichés: “aquí nunca nos quejamos del arbitraje”, cuando tienen a una ladilla furiosa en el banco de suplentes. “No ser campeón, es un fracaso”, cualquier club grande lo suscribiría. “Vamos por el título de este torneo, porque así lo demanda el dueño”, o sea que hay que darle el gusto a Don Emilio Azcárraga Jean antes que a la afición.
La narración del encuentro corrió a cargo de mi queridísimo amigo Raúl Orvañanos, acompañado en los comentarios por Daniel Alberto “ruso” Brailovsky y Beto García Aspe. Todos coincidían en que los azulcrema debían tener el balón y era eso, precisamente, lo que no hacían. Ahora, en la Liga, van a enfrentar a los Pumas en Ciudad Universitaria. Este es considerado un partido de alto riesgo tanto dentro, como fuera de la cancha. Si juegan como lo hicieron a media semana, los felinos del Pedregal les van a llenar la canasta.
América sufre en defensa, gravita en el medio y no tiene definición. Ahora se medirán, en Concachampions, al Nashville, quien viene de echar a perder el bocadillo de poder ver al Inter de Miami, con Lionel Messi, en el Azteca, enfrentando a los millonetas. El formato del torneo favorece a los equipos mexicanos, pero no basta con eso.
Se tiene que poner de manifiesto esa supuesta superioridad que, cada vez, se ve más corta. Jugando así, le auguro otro fracaso a los cremas. Tendría que venir otro envión para meterlos de lleno a la búsqueda del título.
El arbitraje, hasta ahora, no ha sido factor en el torneo. Me atrevo a afirmar que el trabajo del señor Jodeph Dickerson, en el partido de marras, fue de un alto nivel técnico y disciplinario. Ver a medio día la Champions y a la noche los juegos de nuestra área, constituye un salto mortal sin red. Parafraseando a Don Luciano: ¡que feo el futbol feo!
