El asunto de las redes sociales se ha convertido en un monstruo de mil cabezas, donde campea el anonimato, la falta de respeto, el insulto soez y la amenaza que no se sabe a ciencia cierta si es real o ficticia.
También le ha permitido a mujeres y hombres que en otra época o en diferente ámbito vivirían una existencia mediocre, lograr notoriedad, fama y a veces mucho, mucho dinero.
La culpa no es de ellos. Simplemente explotan los sentimientos de soledad, carencia de identidad, falta de sueños o el choque brutal cotidiano de millones de seres humanos con una realidad que no les llena.
Los “Rucateles” de mi generación pensarían que es un asunto de las nuevas generaciones.
Pues les notifico que están documentadas las horas que adultos mayores pasan frente al ordenador, viendo basura informática.
Por un “like”, pueden incluso esos supuestos “influencers”, mentir sin pudicia o embarrar a otros con lodo que no se limpia jamás.
La utilidad de las herramientas cibernéticas no está a discusión.
El problema radica no en el uso, sino en el abuso.
Un amigo muy querido afirma que hoy, los chavos se declaran por Facebook y se cortan por Whatsapp.
Traigo a cuenta todo esto porque resulta que un equipo argentino de Primera División, el Deportivo Riestra, tuvo a bien registrar y alinear a un joven de esos conocidos como “streamers” en un partido oficial.
Se trata de Iván Buhajeruk, conocido en las redes como “Spreen” y que cuenta con 8 millones de suscriptores en YouTube y más de 5 millones de seguidores en Instagram.
En su juego ante Velez Sarfield, saltó a la cancha como titular y sin tocar el balón, fue sustituido al minuto de juego.
Queda en claro que el propósito del club fue publicitario y no futbolístico.
Las implicaciones son muchas, ya que para empezar, se investiga al equipo por una probable vinculación con apuestas ilegales.
Por otro lado resulta increíble que, en un país productor de futbolistas, que se empiezan a mostrar desde las fuerzas básicas, la AFA haya permitido el registro de un jugador desconocido, cuyo nombre no figuraba en archivo alguno.
Quizá el muchacho incrementó su popularidad, pero a costa de una terrible humillación para los miles de jóvenes que se rompen el alma para, ya no lograr un sitio sino simplemente debutar en el máximo circuito.
En México sucedió algo similar. El Rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, patrocinaba al equipo “Correcaminos”.
El América visitó la plaza de Ciudad Victoria y este personaje se hizo registrar y obligó al Director Técnico a ponerlo en el once titular.
Los autores de esta vergüenza fueron Humberto Filizola y el entrenador Jesús Bracamontes.
Si estuviera en mi mano, ordenaría la inmediata desafiliación del Deportivo Riestra, porque con su deliberado y sucio proceder, está demostrando que le importa poco…jugar con la ilusión.
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