Bajo la lupa: Inmortal

Deportes
Arturo Brizio
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En Yautepec, Morelos, vivía una familia que había emigrado de Sinaloa a este maravilloso estado.

A su casa la bautizaron como “Sataya”, en homenaje al pueblo de donde eran originarios. Se trata de un pequeño lugar perteneciente al municipio de Navolato y en la actualidad cuenta con solo 595 habitantes.

Don Pedro Zazueta era el patriarca y uno de sus hijos, Joel, estudió un par de carreras en forma simultánea: Profesor de educación física y Licenciado en entrenamiento deportivo.

Por otro lado, había en México un torneo de futbol patrocinado por el Heraldo, diario impreso que había puesto de moda el color en sus páginas.

Al campeón se le premiaba con un viaje a Brasil y en una de sus primeras ediciones, se ciñó la corona la reserva especial del América, el Unión Coapa.

También se invitaba a un árbitro profesional, pues le prestaban el servicio al torneo de gratis.

Mi Padre fue a ese viaje y al regresar nos comentó: “fíjense que hay un chaparrito que no para de correr, serio y disciplinado. Se llama Cristóbal Ortega”.

Poco tiempo después, hacía su debut con el primer equipo allá en 1974 el gran Cristo.

Defendió la playera azulcrema por espacio de dieciocho años, jugando la friolera de 711 partidos oficiales. Jamás lo expulsaron y prácticamente nunca se lesionaba.

Estuvo presente en dos Mundiales, Argentina 78 y México 86.

El día que algún genial directivo les entregó su carta a Alfredo Tena y a Ortega, ya que no entraban en los planes, el “Capitán Furia” se puso a buscar equipo, dicho por él. Cristóbal decidió que era el momento del adiós.

Tuve el enorme privilegio de dirigir muchos encuentros con él en la cancha. Se trataba del tipo más respetuoso y disciplinado entre los cientos de futbolistas que pude ver en vivo y a todo color.

En este punto se entrelaza la historia con el Profe Zazueta ya que Joel fue, en la época de Don Jorge Vieyra, preparador físico de las Águilas.

Como éramos amigos, me contaba que a la mayoría de los elementos en el “Nido de Coapa” les disgustaba el agotador entrenamiento al que eran sometidos.

Cuando dictaba la rutina, se volvían clamor las protestas. Tena mascullaba maldiciones, pero arrancaba y Ortega ya iba una vuelta adelante.

Años más tarde Joel Zazueta trabajó con los árbitros profesionales y puedo dar fe de su enorme capacidad.

Ya retirado “El osito”, como cariñosamente le apodaban, visitaba frecuentemente Yautepec.

Coincidimos en infinidad de ocasiones y pude disfrutar de su callado humor y de anécdotas contadas a la mitad, pues eran interrumpidas por las voces de ¡salud! del anfitrión.

Vayan estas líneas para rendir tributo a un futbolista inconmensurable y a un ser humano de excepción.

Agonizó en voz baja por cortesía, canta Joaquín Sabina y Cristóbal fue discreto hasta para eso.

Dios nos lo dejó solo 68 años y nos podría mover al enojo, pero queda claro que desde el cielo seguirá su fidelidad para esos colores que lo hicieron… inmortal.

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