Bajo la lupa: Gallardía

Deportes
Arturo Brizio
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En México es un deporte nacional soñar. Desde el gran poeta urbano Chava Flores, en su recordada canción “a qué le tiras cuando sueñas”, hasta la bélica letra de un himno nacional que exacerba el fervor patrio a partir de batallas imaginarias donde se ganan las que en realidad, siempre se han perdido, somos un pueblo con mucho aguante y acostumbrado a la fatalidad.

En el deporte, particularmente el balompié, hablamos de conspiraciones, robos, “no era penal”, “en Sudamérica nos odian” y toda clase de subterfugios para maquillar los resultados adversos.

A través de los años, diversos líderes de opinión han acuñado frases como: “jugamos como nunca y perdimos como siempre”. Otros inventaron las “derrotas honrosas” y el “caer de cara al sol”, como si perder reiteradamente fuera un premio final al calvario impuesto desde el cielo.

El rival casi nunca es reconocido como un supremo vencedor. Se pierde por nuestras carencias o fallas, pero qué chingaos, así somos y como buenos apostadores, nos la jugamos.

Los Mundiales integran un inmenso catálogo de justificaciones para no llegar al ansiado “quinto partido”.

Cada cuatro años, luego de eliminatorias que ponen a la raza al borde del infarto, viene una renovación de la esperanza para que, luego de la prematura eliminación, venga el desencanto.

El caudillaje, tan inmerso en nuestra cultura, no podía faltar en el futbol.

De esa manera, desde Don Ignacio Trelles hasta el Jimmy Lozano, pasando por el “yo respeto” de Bora Milutinovic, el encanto de Javier Aguirre en dos apartados, un lenguaraz Juan Carlos Osorio y la seriedad de Miguel Mejía Barón, fueron etiquetados como los salvadores de la etnia azteca.

Otros, igual de esperados, se quedaron en el camino, como Enrique “Ojitos” Meza, llegando al cargo por aclamación y despedido por desilusión, Sven Goran Eriksson quien como el “jibarito”, salió loco de contento con su cargamento de dólares, “Tuca” Ferreti, “Chepo” de la Torre y el “Flaco” Luís Fernando Tena, por mencionar a los más importantes.

Se está jugando la Copa Oro femenil de Concacaf, en los Estados Unidos.

México llegó hasta semifinales luego del campanazo de vencer al cuadro anfitrión.

En esta instancia enfrentaron a una potencia como Brasil y hasta ahí quedó el sueño campeonil.

Una expulsión inmisericorde entre un VAR incompetente y una árbitra de escasa luz, condicionaron el encuentro que , por lo demás, fue dominado ampliamente por las jugadores amazónicas.

Sin embargo, me encantó el espíritu de lucha de estas guerreras de verde ataviadas.

Nunca dejaron de correr, apretaron al rival y generaron peligro pese a estar en inferioridad numérica.

No guardaron una gota de sudor para mañana y aunque soy enemigo de ponderar derrotas y buscar justificantes donde no las hay, le reconozco a este grupo su enorme…gallardía.

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