La exageración en la celebración de las victorias en el deporte ha existido desde siempre.
En el futbol americano, por ejemplo, se usaba arrojar el balón al suelo de forma violenta para presumir la superioridad.
Por la pasión que encierra, el futbol lleva la palma en este tipo de conductas que puede pasar de la alegría natural luego de un gol, a la burla, la provocación o la falta de respeto.
Recuerdo hace muchos años que el Monterrey tenía ensayadas hasta unas coreografías que luego fueron imitadas hasta que la FIFA las prohibió expresamente.
La voltereta de Hugo Sánchez, expresando algún tipo de revancha por la discriminación que sufrió en España, resulta paradigmática.
Cristiano Ronaldo ha patentado su estilo y barrerse de rodillas o saltar las vallas publicitarias, demuestran la euforia de quién consigue la máxima emoción dentro de este deporte: El gol.
Sin embargo, la falta de control y supervisión sobre este tipo de manifestaciones puede originar que se salgan de control.
Además, la piel delgada de los actores les hace ver “moros con tranchete”, viendo provocaciones donde no las hay.
Uno de los integrantes de nuestro deporte, al que frecuentemente enfoca la televisión y está en el ojo del huracán es el director técnico.
El máximo organismo rector del balompié en el mundo, dentro de su reglamento, recomienda que el jefe del banquillo de suplentes debe observar una conducta intachable.
Sin embargo, cada vez es más frecuente observar desmesura en la conducta de los entrenadores.
Ahora está en la picota, allá en Colombia, el mexicano Efraín Juárez.
El ex futbolista dirige al popular cuadro del Atlético Nacional y ha sido sancionado por lo que se considera un abuso del lenguaje corporal al celebrar los tantos y las victorias del cuadro verdolaga.
Primero la policía lo arrestó y una inspectora lo sancionó con tres años sin poder ingresar a todos los estadios del país, lo que se antoja francamente desproporcionado.
Sin embargo, Efra reincidió y en el juego de Liga ante Santa Fe, fue expulsado por el árbitro al considerar su actitud provocadora.
Considero que para empezar, debía legislarse a nivel mundial que los festejos de cara a la tribuna deben quedar absolutamente prohibidos.
También aquellos que se realicen con la intención de burlarse del banco adversario.
El hecho de mover los brazos a la altura de la cintura, hacia delante y atrás, de manera acelerada, por supuesto que hacen pensar en una majadera agresión al rival y es así como Juárez lo hace.
El paso del entrenador azteca ha sido, hasta el momento, exitoso, por lo que cuesta trabajo entender a qué viene tanta payasada.
Su dirigencia ha apelado la sanción y queda en manos de las autoridades en segunda instancia la decisión.
Pero esos mismo dirigentes tendrían que llamar la atención a su técnico, instándole a un buen comportamiento, a estar permanentemente en la banca y a cuidar la forma en que realiza sus…festejos.
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