Cuando un partido de los llamados “Clásicos” tiene lugar, el comentario previo, durante y post partido se vuelve algo inagotable y eso sucede en cualquier parte del mundo.
En México se ha abaratado el concepto, dándole esa categoría a encuentros que no están a la altura o que son simples enfrentamientos entre coterráneos.
El América vs Guadalajara es el partido emblemático de nuestro balompié.
Para la edición jugada el pasado sábado, en la cancha del mítico estadio de “La Ciudad de los Deportes”, se dijo que para el chiverío era una especie de “ahora o nunca”, dada la supuesta crisis por la que atravesaba el odiado rival deportivo.
Con la prematura eliminación en la Leagues Cup, cuatro derrotas en seis partidos y un quehacer disfuncional, el equipo bicampeón saltaba a la cancha en calidad de víctima propiciatoria.
Chivas aspiraba a sumar para continuar con la inercia positiva y marchar en el pelotón de los que van a entrar directo a la Liguilla.
América, por su parte, no podía darse el lujo de perder, al viajar por el momento, en un ignominioso duodécimo lugar, en el que por cierto, continúa.
André Jardine demostró que puede ser un técnico sumamente pragmático.
Abdicó a su derecho y obligación de equipo grande a proponer el partido, esperando al rival y apelando a sus virtudes defensivas.
Los tapatíos tuvieron un par de chances en los albores del juego, pero cuando nadie lo esperaba, en una jugada a balón parado surgió la figura del canterano Ramón Juárez para mandarla a guardar.
El trámite del partido no sufrió demasiada modificación y el estratega brasileño se salió con la suya y el botín completo.
Llamó la atención lo declarado por Fernando Gago en la conferencia de prensa posterior al partido.
En ella habló de una aplastante superioridad rojiblanca, de merecimientos hasta cierto punto inexistentes y de quince o dieciséis oportunidades de gol.
Creo que al entrenador argentino se le cruzaron los cables y sumó las ocasiones de anotar en todo el torneo.
Por supuesto que se agradece el planteamiento ofensivo, aunque el fiel aficionado caprino hubiera preferido una victoria.
Ahora viene una doble jornada, fruto de la resaca que nos dejó el torneo binacional y la fecha FIFA.
En ella, América buscará enfilarse a los lugares que sin duda merece, enfrentando al Atlas y luego visitando a Necaxa. Dos compromisos serios.
El Rebaño Sagrado recibe a León y luego vuelve a la Capital para enfrentar a Cruz Azul. Nada sencillo.
Del arbitraje del chiapaneco Víctor Alfonso Cáceres solo se pueden decir cosas positivas.
Contribuyó a la fluidez del juego y controló los ánimos con personalidad y buen manejo de las tarjetas.
Queda mucho torneo por jugar, pero hay que agradecer a Chivas y azulcremas que, con sus diferentes circunstancias, se brindaron generosamente.
Al señor Fernando Gago le recordaría que, como a los políticos, no se vale ganar solo… en el discurso.
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