La selección mexicana de futbol cerró su preparación con miras a la Copa América que se celebrará en territorio estadounidense a partir del 21 de junio.
Una victoria frente a Bolivia y dos descalabros fueron los resultados de esta gira, para variar, en estadios del vecino del norte, asegurando los llenos, apelando a la cultura de la nostalgia de nuestros esforzados y queridos paisanos.
El tricolor presentó tres alineaciones distintas, lo cual se antoja absurdo cuando de encarar un torneo se trata. Lo lógico sería afinar la maquinaria, ajustar las piezas y lograr la mayor conjunción posible.
En un problema de óptica, desde hace mucho tiempo se usa a la selección para “ver jugadores”.
En mi opinión, ese trabajo lo tendría que hacer el cuerpo técnico nacional durante el torneo, visitando los campos de entrenamiento, dialogando con los diferentes entrenadores, cuestionando la carga de trabajo físico de cada equipo e incluso, revisando las fichas médicas de los posibles candidatos.
Lo que generalmente han hecho los titulares del banquillo azteca es ir a los estadios a ver el partido, como si que los tome la cámara justificara no solo su salario sino su trabajo.
La zarandeada que le propino Uruguay al llamado “equipo de todos” fue de terror.
Se ha intentado maquillar por lo eternos jilgueros a sueldo con el cuento de que “no estuvieron los mejores”.
Pues ante Brasil si aparecieron y la cosa no mejoró.
Una defensiva que sufre ante la velocidad y un ataque chato que no concreta.
Se ilusionó al respetable con un empate circunstancial que al final, en el enésimo descuido de la zaga, se transformó en otra “derrota honrosa”, a decir de los paleros.
Ahora se le está buscando desde un “asesor” a Jaime Lozano hasta su sustituto.
Puede usted apostar a que si le va bien a México en la justa continental, lo propongan para el premio Nobel.
El sábado 22 de junio, Jamaica será el rival del equipo nacional mexicano.
En otras condiciones parecería un trámite, pero hoy no arriesgaría mi cartera por un triunfo tricolor.
Sigue Venezuela con igual incertidumbre para cerrar, teóricamente ya calificados, ante Ecuador.
De ahí en adelante, lo que escurra será miel, pero si no se avanza, dudo que Lozano regrese en el mismo avión que el resto del equipo, directivos incluidos.
Mirando por el retrovisor, nunca había estado la selección tan carente de talento.
No se vislumbra un líder, un adalid o siquiera un elemento carismático que jale reflectores y se pueda echar, como se dice coloquialmente, “el equipo al hombro”.
El que juega por necesidad, pierde por obligación, reza un dicho en Las Vegas.
Si a eso le sumamos una pobre preparación, reunimos los elementos para la “tormenta perfecta”.
Desde la llegada de los nuevos directivos y este cuerpo técnico, se ha desperdiciado un tiempo precioso para hacer cambios de gran calado.
No entienden que si es poco el amor, no hay que desperdiciar lo… en celos.
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