El arbitraje da para mucho en cuestión de opinión, tanto que hasta los que no saben de futbol se dan vuelo emitiendo juicios, en ocasiones, sumarios.
El gran problema estriba en que las reglas de juego no son de enseñanza obligatoria en nuestro deporte.
Si a todos los futbolistas profesionales del mundo se les aplicara una “prueba PISA futbolera”, nos daríamos que son más burros que nuestros educandos que cursan la secundaria.
Si al estrella del balompié no se le exige un involucramiento con las leyes que rigen su deporte y su profesión, pues mucho menos habría modo de pedírselo al aficionado común, ese que va al estadio, prende el televisor, compra y lee periódicos, involucrándose en el diario acontecer del deporte que ama.
Ya con los narradores y comentaristas la cosa cambia. Debería ser un asunto de decoro personal y vergüenza profesional darse una barnizadita de todo aquello que atañe al reglamento, pero desgraciadamente, salvo casos muy contados, no sucede.
Como si se tratase de un volado, en el que hay que elegir águila o sol, estos “expertos” ponen a los árbitros en la picota, decidiendo quién es bueno y cual es malo.
En otro canasto pongo a los críticos arbitrales, quienes tampoco son un dechado de sabiduría. Y no lo son porque no se actualizan, no estudian y no preguntan, trilogía elemental para todo aquel que quiere adquirir conocimiento.
Además, adjetivizan de manera frívola e irrespetuosa: “Este árbitro se tiene que ir”, “es malísimo”, “no lo quiso marcar”, “es ridículo”, “son una vergüenza”, son algunas de esas críticas descarnadas que solo confunden a la afición.
Hacer un árbitro cuesta mucho trabajo, Son años en que la señorita o el muchacho batalla desde el llano para aprender a juzgar y aplicar correctamente el reglamento. Muchos se van quedando en el camino y, como diría el gran Charles Darwin, solo sobreviven los más aptos.
Este año calendario trajo de regreso a un joven árbitro a quién las filosas lenguas de los críticos habían condenado al infierno.
Se trata de Adonaí Escobedo quién ha mejorado una barbaridad y está convertido en un arbitrazo.
Alguna vez conversé con él y le hice notar que la única manera de rescatar su carrera era que el lo deseara fervientemente. Poniendo todo de su parte, el asunto se hizo más sencillo al designarle juegos apropiados, de menor a mayor grado de dificultad, arroparlo con los mejores árbitros asistentes y con los más competentes integrantes del VAR.
El instructor, Enrique Osses También jugó un buen rol en este trayecto y hoy podemos afirmar que Escobedo está en el top 5 del arbitraje mexicano.
El trabajo del miércoles en el Atlético de San Luís ante el América fue, pese a lo abultado del marcador, muy aseado y con gran desgaste físico.
Por ello, no tengo empacho en declarar a Don Adonaí Escobedo como...el regreso del año