Cayó el telón de los Juegos Olímpicos más espectaculares y mejor organizados de la historia.
París se lució no solo en el tema logístico y de seguridad. Los diferentes recintos deportivos fueron cuidadosamente diseñados, aprovechando la belleza de la ciudad y sus monumentos, teniendo además asistencia record en cada una de las disciplinas.
Pudimos ser testigos por la magia de la televisión, decían los clásicos, de las hazañas de mujeres y hombres que elevan su capacidad físico-atlética al sublime nivel del arte.
La Delegación azteca estuvo conformada por 109 atletas, distribuidos en las diferentes manifestaciones deportivas a realizarse en la llamada “Ciudad Luz”.
De ellos, por supuesto que destacan los medallistas, pero hubo también exponentes que, sin colgarse metales, pusieron en alto su nombre, el de sus familias y el de México.
Llama poderosamente la atención el encono gubernamental en contra de los deportes de alberca.
En los clavados, Osmar Olvera iluminó el firmamento al ganar dos medallas, una de ellas en compañía de Juan Celaya.
Las ondinas nacionales, encabezadas por la veterana Nuria Diosdado, obtuvieron un honrosísimo séptimo lugar, luego de ser mandadas por la titular de la CONADE, Ana Gabriela Guevara, a vender calzones o Tupperware para fondear su preparación y asistencia a la Capital francesa.
Sorpresiva resultó la aparición de la judoka Prisca Awiti al subirse al podio.
Esperada de alguna manera la actuación de las arqueras.
Alejandra Valencia junto a Ana Paula Vázquez y Ángela Ruiz obtuvieron medalla.
Lo del sinaloense Marco Verde en el boxeo mantuvo en vilo al país, cayendo en la Final ante el pugilista uzbeko que era un costal de mañas y recursos.
En México no se apoya al deporte desde las instancias gubernamentales.
Los presupuestos son raquíticos o de plano, nulos.
El deportista se forma y forja a partir de esfuerzos individuales y soporte familiar.
Por eso, resulta motivante ver a atletas que, sin obtener preseas, hicieron un muy digno papel.
El clavadista Randal Williars, quién tiró un lance de alto grado de dificultad en un todo o nada, tiene que aplaudirse.
El llanto del pentatleta Emiliano Hernández, ofreciendo disculpas a su familia y a México por haber quedado en cuarto lugar, estruja el corazón.
Uziel Muñoz, lanzador de bala, ocupó el octavo lugar. ¡Imagine usted, en cualquier actividad, ¡ser el 8 del mundo!
A la gran Alexa Moreno no la acompañó la suerte y en el Taekwondo, el cansancio luego de la repesca, hizo presa a Carlos Sansores.
Somos un país donde no se inculca la cultura deportiva.
Desde que en la escuela, nuestros niños toman una clase de Educación Física, impartida por un Profesor y no un metodólogo, la cosa se pone grave.
Por ello, es tan difícil encontrar el talento y explotarlo.
Ana Gabriela Guevara, pobrecita ella, alojada en hoteles de lujo mientras somos medalla de oro en obesidad infantil.
Simplemente…el mundo al revés.
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