Bajo la lupa: El mismo final

Deportes
Arturo Brizio
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Reconozco la muy importante aportación que ha hecho Sudamérica al balompié mundial.

Si bien el juego fue patentado por lo ingleses, tan piratas que lograron legalizar el abordaje de naves extranjeras y nombrar Caballero del Reino a un corsario como Sir Francis Drake, fue en el Cono Sur donde tomó un arraigo impresionante.

Los primeros campeones olímpicos y mundiales fueron los integrantes del seleccionado nacional de Uruguay.

Antes de la conflagración bélica de mediados del siglo XX, Italia se alzó con un par de títulos para que luego Alemania continuara con la hegemonía europea, una vez recuperada la paz.

El futbol se había vuelto físico y solo se podía revertir con magia.

Por ello irrumpió en escena el Brasil del “jogo bonito”, integrado por atletas, claro, pero con un concepto artístico y elástico del juego.

Los reflectores se los llevó el inmortal Edson Arantes Do Nascimento, Pelé, en el Mundial de Suecia 58.

En Chile 62 solo jugó contra México, carajo, doblándolos por dos a cero, pero era tan fuerte el torbellino de genialidad que Amarildo fue la figura del bicampeonato.

Tras atropellos arbitrales, donde cagaron a patadas a “O Rei”, en Inglaterra 66, vino la gran revancha en la espectacular Copa del Mundo de México 70.

Tras el triunfo teutón en casa en el 74, se dio la irrupción argentina en 78.

Si bien teñida de duda por la supuesta intervención de la dictadura, encabezada por el impresentable General Jorge Videla, los gauchos se inscribieron en la lista grande.

De ahí en adelante, nadie puede dar por muertos a los cuadros Sudamericanos, siempre encabezados por pamperos y brasileños.

Los cuadros platenses, tanto Uruguay como Argentina, desde siempre han estado conformados por jugadores de raza, indómitos, guerreros, luchadores hasta el fin.

El problema a mi entender, es que no saben perder.

No hay encuentro de clubes o selección nacional en que, si no ganan, armen un “quilombo”, como se dice por allá.

Luego de la eliminación a manos del América, la gente que conforma la estructura administrativa del Cruz Azul, la emprendió contra el árbitro Adonai Escobedo.

Expresiones típicamente sudamericanas como “la concha de tu madre”, salieron de los labios presuntamente de Iván Alonso y de Mathías Cardacio, uruguayos ambos.

Siempre la misma historia, insultos y cero autocrítica. Habría que repasar los 65 minutos en que regalaron la iniciativa o los notables errores que devinieron en goles azulcremas.

El penal decisivo es reglamentariamente correcto. Lo que piden como faltas o anomalías son argumentaciones estériles.

El juego fue vibrante y correspondiente a lo que se espera de la Liguilla y se decidió por una marcación arbitral perfectamente justificada, ante una falta evidente.

Lo demás, es una típica acción que solo se justificaría en el futbol llanero, con todo respeto.

El ardor y la falta de respeto, por estos patanes nos conduce inevitablemente, a…el mismo final.

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