Uno de los pilares de credibilidad de una Liga profesional de futbol es la Comisión Disciplinaria. Independientemente que en cada país pueda tener un nombre distinto, su función es redactar el catálogo de conductas que pueden propiciar una sanción para los diferentes integrantes de los clubes. Históricamente en México hemos tenido de chile, mole y pozole en esta delicada encomienda.
Sin embargo, dos personajes le devolvieron el brillo y sus decisiones estuvieron siempre apegadas a Derecho. Ellos fueron Aarón Padilla, que en gloria esté y Eugenio Rivas, quienes presidieron durante varios años el organismo. Sin pretender demeritar a los actuales miembros de esta importante Comisión, me parece que algunos de sus juicios no están debidamente fundamentados o, por lo menos, no claramente explicados. Me voy a remitir a los incidentes presentados al final del encuentro entre Cruz Azul y Tigres.
Para empezar, el desorden se origina porque el árbitro del partido, Marco Antonio “Gato” Ortiz deja de sancionar una clara falta y de ahí, como suele suceder en nuestro medio, los jugadores se “mataron a pañuelazos”, pues son muy bravos pero no pasa del tema de los empujones y gritos.
Fruto de esta reyerta, es expulsado el cementero Willer Ditta por doble amarilla y luego se vuelve loco e insulta a los jueces, lo que le ha costado tres juegos de suspensión. Hubo otros rijosos que merecían correr la misma suerte, llevando la voz cantante el felino Rafael Carioca, pero se midió con diferente vara.
La directiva celeste interpuso una denuncia, solicitando la investigación correspondiente porque, según su dicho, el técnico Robert Dante Siboldi, propinó un puntapié al referido Ditta.
Tras analizar todos los elementos de prueba, como dicen los abogados, se determinó castigar al estratega uruguayo con tres juegos sin salir al banquillo. Lo que me brinca es el fundamento legal para aplicar la sanción: Se habla de una “presunta” conducta violenta, lo que resulta inadmisible en un caso juzgado.
Para que nos entendamos, un acusado es presentado como presunto autor de un hecho delictivo. El juez puede dejarlo en libertad por falta de pruebas o condenarlo, pero la sentencia tiene forzosamente que decir que se acreditó plenamente aquello que se le imputa. Ahora bien, si se acreditó una conducta violenta, caray, ¡qué barato le salió!
El director técnico debe observar, según lo previene la propia FIFA, una conducta intachable en la zona técnica. Imaginemos por un momento que el jugador agredido se voltea y le pone un buen madrazo al agresor. Se armaría la de Dios es Cristo.
Al silbante Fernando Hernández le dieron doce partidos fuera por dar un rodillazo a un futbolista. La pregunta que me surge, es cuál fue el criterio para dar un castigo tan blandengue y también, el señorío, la clase, la imparcialidad y la seguridad jurídica que brindaba la Disciplinaria con los titulares anteriores…donde quedó.
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