Esta frase latina significa “todo se ha cumplido” y según los evangelistas, fueron las últimas palabras pronunciadas por Jesús en la cruz.
Sin pretender faltarle al respeto al mejor ser humano que ha existido, la participación de la selección nacional de futbol en la Copa América, merece el latinajo.
Los augurios eran sombríos y se fueron cumpliendo uno a uno.
El sorteo le deparó al tricolor un Grupo bastante accesible. Equipos con los que jamás había tenido grandes problemas en el pasado serían sus primeros rivales, por ello, tras vencer en la teoría a Jamaica y Venezuela, se llegaría al tercer duelo ante Ecuador con la calificación dentro del bolsillo.
Efectivamente se derrotó a los caribeños, eso sí, de lágrima. En el otro duelo los venezolanos dieron la campanada al derrotar al favorito equipo ecuatoriano.
Hasta ahí, nada fuera del plan de vuelo. La bronca se vino cuando no fueron capaces de derrotar a la “Vinotinto” y tener que dirimir el pase en la última fecha, con la obligación de ganar.
Un dicho de los apostadores de Las Vegas reza: “quien juega por necesidad, pierde por obligación”.
En el juego del domingo en Phoenix, Arizona, el llamado “Equipo de todos” se mostró intenso aunque impreciso, fallando en la generación hacia adelante y dejando a su centro delantero, Santiago Jiménez, más solo que un poeta en el aeropuerto, cantara Joaquín Sabina.
Ecuador tampoco es ninguna maravilla, aunque es de reconocer que tiene jugadores de gran clase y una velocidad endemoniada, sin embargo, se jugó básicamente en su media cancha.
Se presentaron jugadas apretadas, sobre todo para juzgar mano voluntaria, creo que bien resueltas por el guatemalteco Mario Escobar a favor de México.
Al final, sancionó como pena máxima el menos “marcable” de todos y el VAR le ayudó a corregir la plana.
Un arbitraje irregular y complaciente con un marrullero cuadro ecuatoriano acostumbrado a perder tiempo.
La FEMEXFUT, con ese manejo desaseado en la comunicación, ni tarda ni perezosa emitió un lamentable mensaje donde festeja “el empoderamiento de algunos futbolistas”.
¡Ay en la madre!, si eso dicen eliminados, jolines, el día que se gane algo de importancia, van a pedir un monumento.
Ahora todo mundo va a pedir la cabeza de Jaime Lozano, en ese muy mexicano proceder de entronizar al caudillo y luego, devorarlo.
Jimmy es el responsable de esta debacle, pero de ninguna manera es el único culpable.
Considero que no debió prestarse a esa pachotada del supuesto “cambio generacional” que no fue otra cosa que dejar fuera a figuras indiscutibles.
Fue empecinado en no variar el “parado” del equipo, pero eso lo hacen todos los técnicos y su manejo de los cambios no fue el adecuado, puesto que no hubo una variación importante.
Total, que se le debe llamar al pan, pan y al vino, vino.
Es un fracaso y se quiere maquillar como parte de un proceso para el 2026, como si este estuviera tan lejano. Consummatum est
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