Por esos días presidente de México, el hoy prófugo de los mexicanos Felipe Calderón Hinojosa agarraba parejo: para él todos los homicidas eran traficantes de drogas. Del mismo criterio obtuso resultó el “político” que declaró que la mayoría de los homicidios que en estos tiempos se registran se deben a la delincuencia organizada. Esto tras de que el jueves anterior apareció un tiradero de cadáveres en la autopista México-Acapulco, cerca del fraccionamiento Burgos, en el Cañón de Lobos y en el camino de terracería que conduce al basurero de Loma de Mejía.
Un espectáculo tétrico de cadáveres de personas con huellas de haber sido torturadas, aparte de otros cuerpos hallados en los días inmediatamente anteriores más los que posiblemente sean encontrados esta semana que apenas inicia. O sea, como un récord de Guinness en la nota roja, aderezado con la declaración del próximo secretario de gobierno, Juan Salgado Brito, éste sí un político, planteando que disminuir los homicidios dolosos en los primeros cien días de la próxima administración estatal es el reto…
ANDANDO de “gira artística”, un día de septiembre de 2008 el columnista topó en Cuautla con un viejo amigo de Temoac. Plato de barbacoa de por medio en el viejo mercado, recordó que el 7 de ese que mes se cumplirían 32 años del asesinato del profesor Vinh Flores Laureano, un personaje hasta el día de hoy arraigado en el afecto de la región oriente. Poco antes, Armando León Bejarano había asumido la gubernatura, y como director de la Policía Judicial (PJ) nombró a Luis Villaseñor Quiroga, impuesto por el secretario de Gobernación, Enrique Olivares Santana. En la PJ había un grupo de investigaciones políticas que provenía del sexenio anterior, y uno de sus integrantes era el joven Apolo Bernabé Ríos García. Quince años más tarde, el 27 de enero de 1991 García sería detenido por elementos de la Judicial Federal al mando de Nicolás Suárez Valenzuela, acusado de la desaparición del activista de izquierda José Ramón García Gómez. Detenido en enero de 1991 y procesado por el delito de homicidio en agravio de Jacinto Baranda, Timoteo Estudillo Piña y Pablo Beltrán, Apolo Bernabé moriría en diciembre de 2012 en el penal de Atlacholohaya. Aunque oficialmente nunca se reconoció quién mató a Vinh Flores, en la zona oriente se aseguró que se trató de una ejecución ordenada desde el Palacio de Gobierno, en Cuernavaca. Al maestro Vinh, cuyos restos reposan en el panteón de Huilulco, Pue., le reconocen la creación de la escuela normal rural “Emiliano Zapata” de Amilcingo, una de las cuatro comunidades que conforman el municipio de Temoac. Creado en 1977 como el municipio 33, Temoac pertenecía al municipio de Zacualpan de Amilpas. Su primer alcalde fue Eustorgio Abúndez de León y el segundo, Nabor Barrera, quien sería asesinado en 1980. Marginado del desarrollo, Temoac fue objeto de represión. El 10 de abril de 2003, irrumpió en Amilcingo una horda de policías judiciales y de la Policía Preventiva del Estado, comandados por el tristemente célebre José Agustín Montiel López. Allanaron y saquearon casas, golpearon a un centenar de vecinos y detuvieron a veintidós hombres y mujeres que pasaron tres meses presos en el penal de Atlaholohaya. Confrontados en dos grupos, uno fue acusado por la entonces alcaldesa Mari Paz Barreto, de secuestrar a su esposo Fernando Sánchez Ríos. Andando las semanas, el a la sazón gobernador y hoy preso en Cancún, Sergio Estrada Cajigal, se comprometió a pagar indemnizaciones a ochenta y ocho lugareños que habían sido vapuleados y robados por los “guardianes del orden”.
La proximidad de las elecciones de julio y la probabilidad de un problema mayor, pusieron libre a la veintena de temoaquenses. José Belén Barreto Barranco fue el candidato del PRI, Francisco Aragón Alonso, del PRD, Angélica María Rosales, del PAN, y naturalmente perdió esta última. Transcurridos diecinueve meses sin que las víctimas de la represión policíaca fueran indemnizadas, el 24 de noviembre de 2004 Estrada andaba en Temoac para la colocación de la primera piedra de un mercado y le reclamaron con cartulinas de protesta y una “manta”, pero fueron tachados de “alborotadores”… (Me leen mañana).