Durante 2025, a nivel nacional Cuautla estuvo en el primer lugar en el delito de extorsión. De acuerdo al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública y a un análisis de la organización Morelos Rinde Cuentas, este municipio de la región oriente registró hasta 259 denuncias, equivalentes a 13.8 casos por cada 10 mil habitantes. Con esta cantidad de denuncias por el citado delito, fue que el año pasado Cuautla concentró el 61 por ciento de las extorsiones reportadas en el estado de Morelos. En total sumó 419 casos, lo cual refleja la magnitud del problema de inseguridad que hasta la fecha enfrenta la ciudad de Cuautla...
Uno: No es la primera vez que algo semejante ocurre en nuestra entidad. Según se infiere de lo informado por el vocero de la Mesa Estatal de Coordinación para la Construcción de Paz y Seguridad, Miguel Ángel Urrutia Lozano, los 27 colombianos que fueron detenidos en diferentes municipios durante los últimos siete meses son unas auténticas fichitas, entre ellos extorsionadores que usan el método conocido como “gota a gota”.
Dos: Resultó memorable el caso del joven colombiano que siete años atrás fue linchado en Tetela del Volcán. El mediodía del 31 de julio de 2018 un sujeto llega al pueblo de Tetela del Volcán, es moreno, joven y viste una playera azul turquesa. Después se sabrán sus generales: Ricardo Alonso Lozano Riva, de 33 años de edad y nacionalidad colombiana. Llega conduciendo un Chevrolet Spark modelo 2016, blanco, con placas de Morelos y al parecer propiedad de una arrendadora al que poco más tarde incendiaran. El extranjero es asegurado por hombres del lugar que lo acusan de cobrar piso. ¿La intercepción surgió de forma espontánea o ya lo esperaban? Le ordenan que descienda del auto, lo esculcan y, ¡sorpresa!, le encuentran 80 mil pesos que deducen son producto de la extorsión. Aparece un puñado de elementos de la Policía Morelos que se hace cargo del presunto delincuente, así que lo llevan a la comandancia ubicada en el primer piso del Palacio Municipal. La muchedumbre lo acusa de ser uno de esos prestamistas colombianos que ejercen el sistema de los préstamos que crecen poco a poco, llegando a sumas estratosféricas e imposibles de pagar por los deudores que acaban perdiendo hasta la camisa. Enardecidos, los lugareños se apoderan del colombiano que, superados en número y coraje, ¿les fue entregado por los policías? Lo atan a la asta bandera de la pequeña plaza de armas, donde el moreno pelado casi al rape es golpeado hasta que muere. Para entonces son poco más de las tres de la tarde, pero todavía deberá pasar una hora para que aparezca el personal de la Fiscalía, certifique el deceso del extranjero y el cadáver sea subido a una camioneta pick up que lo traslada al Servicio Médico Forense. Hacía semanas que habitantes de los municipios de Ocuituco, Zacualpan y Temoac eran amenazados por bandas de extorsionadores que cobraban “derecho de piso”, de manera que, avisados de la retención del colombiano, rápidamente se trasladaron a Tetela para añadirse a la gente que acabó linchándolo. No fue la primera ocasión que este pueblo vecino del Popocatépetl fue noticia nacional. En agosto de 2011, si la muchedumbre no linchó a cinco secuestradores –cuatro hombres y una mujer– fue porque no quiso o su propósito fue sólo asustarlos para que “cantaran”. Las imágenes del video mostraron a cientos de lugareños indignados, pero sin salirse de control, lo cual no es común que suceda en este tipo de situaciones, y a un hombre con micrófono haciendo funciones de “moderador”, dirigiéndose a cientos de lugareños, conduciendo el interrogatorio. Amarrados al asta de la bandera del pequeño zócalo, los delincuentes despepitan sus crímenes. Están desnudos, aterrados, sintiéndose en la antesala de la muerte y con la lumbre llegándoles a los aparejos por la fogata circundante que les queman los pies. La conclusión del juicio sumario ratifica a los cautivos como secuestradores y homicidas. Después, en Cuernavaca se sabrá que el pueblo de Tetela y de otras comunidades del rumbo se organizaron en cuerpos de policías comunitarios. Mientras tanto, en la capital morelense la gente comenta: “están desarmados, pero equipados con radios vigilan, recorren valles y bosques para detectar a talamontes así como a sospechosos de otros delitos”. Y todo porque la autoridad no siempre inspira confianza… (Me leen mañana).
