En Xoxocotla los vendedores de juegos pirotécnicos se frotan las manos. El olor a pólvora presagia dinero; los comerciantes que por estos días se instalan en el tianguis de pirotecnia tendrán buenas ventas. Lo merecen, son muy trabajadores, viven ahí mismo ¿pero algunos provienen de comunidades cercanas? Naturalmente tienen permisos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). Sin embargo, el tianguis no está exento de explosiones.
Sucedió años atrás. En Xoxocotla recuerdan la tardenoche del jueves 8 de septiembre de 2003. Estallaron ocho puestos de pólvora; el fuego alcanzó a dos viviendas y un vehículo. Por fortuna no hubo muertos. Cuarenta puestos de cohetes estaban instalados en el borde de la carretera. El entonces alcalde de Puente de Ixtla, Julio Espín Navarrete, así como el jefe de la Zona Militar sabían del peligro que representaban los puestos expendedores de pólvora. Pero nadie hizo nada por evitar la explosión. La gente de Xoxocotla se dividió, liderada la mayoría por el entonces delegado municipal Jesús González Machuca, que exigió la clausura de los negocios carreteros en los que vendían cohetes, cohetones y “palomas”, mientras los dueños de explosivos exigían la preservación de su fuente de ingresos. Expuestas las razones de ambas partes, el gobierno incumplió su obligación de privilegiar la seguridad de los más sobre los intereses de los menos. Salió con el cuento de que la gente de Xoxocotla no debía temer una incursión de la Policía Federal Preventiva, cuando eso fue precisamente lo que cientos de hombres y mujeres de la comunidad habían solicitado horas antes de la explosión, dispuestos a colaborar con los policías para señalarles las casas con cisternas habilitadas como bodegas de pólvora. Los vecinos pasaron horas urgiendo a los policías que entraran al pueblo y, excepto las familias dedicadas a la venta de explosivos, nadie se opuso. Pero a la orden siguió una contraorden desde el gobierno y los federales se limitaron a revisar los puestos, vacíos de mercancía para entonces. La explosión de aquel día en Xoxocotla coincidió con el estallido de un taller de juegos pirotécnicos en el pueblo de Tultepec, estado de México, donde no fue la primera vez que ocurría un percance similar, pese a que por tradición los artesanos de esa comunidad mexiquense son expertos en el manejo y elaboración de artefactos a base de pólvora, y como tales contaban con permisos de la Sedena. No fue así en el caso del tianguis de Xoxocotla, que además de operar en un marco de clandestinidad evidenció un tráfico constante de exply losivos. La pólvora no se producía en “Xoxo”, surtidos los coheteros de mercancía en la Ciudad de México o traída a Morelos y cerrados los ojos por la autoridad frente a los camiones cargados de explosivos transitando por la carretera y descargando en Xoxocotla...
La noche del sábado antepasado en la comunidad de Santa María Canchesdá, municipio de Temascalcingo,
estado de México una explosión de pirotecnia dejó al menos diez personas muertas y 64 heridos. Un día después el gobierno mexiquense actualizó el saldo de fallecidos y lesionados tras la detonación en la parroquia d la comunidad. “El incidente ocurrió por la detonación de material pirotécnico almacenado en un espacio del inmueble que era utilizado como bodega”, indicó el gobierno en un comunicado. El estallido causó el derrumbe de una parte de la estructura del templo. La Diócesis de Atlacomulco publicó un comunicado informando de que dos sacerdotes de Santa María Canchesdá resultaron heridos, pero se encuentran fuera de peligro tras recibir atención médica en un hospital. Los festejos patronales fueron a propósito de la virgen de Nuestra Señora de la Luz. El municipio de Temascalcingo se ubica en los límites del estado de México con Michoacán… (Me leen mañana).
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