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Sábado 6 de agosto. A las cinco de la mañana aún amanece y la oscuridad envuelve al poblado de Tres Marías cuando la pareja formada por Melani Fernanda Trejo García y Cristopher Mondragón Girón es asesinada. Sujetos armados que los esperan en un Jetta blanco con placas del estado de México afuera de la casa de Melani ciegan sus vidas jóvenes, ella y él de 27 años Una semana más tarde, la Fiscalía General de Morelos descubre el agua tibia: informa que bandas dedicadas al robo y al secuestro operan en las carreteras que surcan el municipio de Huitzilac. ¡Vaya novedad! En Huitzilac hace años que la delincuencia ordena y no manda la autoridad.
Ahí las bandas de salteadores de caminos son de tercera generación. Letal el tramo Zempoala de la carretera federal Cuernavaca-Toluca, tierra de crímenes impunes, pocos maleantes son apresados y los más andan libres. Matan, asaltan, secuestran. Por la carretera sinuosa bordeada por el bosque circulan camiones de carga, de pasajeros y vehículos particulares. Algunos evitan la ida a la Ciudad de México y ahorran tiempo, pero arriesgan la vida. Un tramo mortal que la gente de Huitzilac y de Tres Marías no se atreve a cruzar de noche, y a quienes deciden retar a la suerte su osadía suele costarles la vida.
Los depredadores se hallan agazapados en lo negro de la oscuridad y la soledad del bosque. Reptan entre los árboles y la maleza, están armados, ponen piedras y troncos en la carretera, emboscan a hombres y mujeres, roban y a veces matan.
Incluso de día, la policía brilla por su ausencia, ocupados en la extorsión a camioneros y conductores de vehículos particulares en el crucero de Tres Marías. Rara vez presentes los gendarmes de la Guardia Nacional y siempre insuficiente el número de policías municipales, cuando los agentes de la ley llegan al escenario del crimen es demasiado tarde, hace rato que los delincuentes desaparecieron y, si vivas salieron, las víctimas deben pasar por la declaración ministerial, el reporte de los celulares robados, la frustración de que no recuperarán los objetos y el dinero perdido más el coraje de que los asaltantes no son encarcelados.
Si el bosque pudiera hablar contaría historias de terror, como la de tres mujeres, madre e hijas, atacadas sexualmente por un grupo de animales encapuchados en las cercanías de la laguna de Zempoala. Una herida a balazos, una más muerta y el novio desaparecido, iban de regreso a su pueblo del estado de México luego de disfrutar una fiesta familiar en Cuernavaca.
Algunos casos fueron noticia nacional. En julio de 2011, sujetos desalmados asesinaron el comunicador y catedrático de la Universidad Iberoamérica de la Ciudad de México, José Manuel Vargas Reynoso, y lesionaron a su acompañante Daniela Huda Tahrumi Navarro. Un año después, una madrugada cuatro trabajadores de Nissan Mexicana salieron de Toluca con rumbo a la planta de Civac cuando fueron interceptados por una camioneta cuyos ocupantes los mantuvieron secuestrados durante catorce días.
Historias antiguas y recientes que seguirá repitiendo la incapacidad de un gobierno que apuesta al olvido ante la sociedad que no olvida… (Me leen después)
 

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JPerez
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