Uno de cada tres concesionarios de taxis se mudana plataformas como Uber y Didi, al punto que hoy hay dos mil calculando si se cambian o no. Se mudan a las plataformas porque no pueden pagar por los trámites en la Coordinación General de Movilidad y Transporte. Alfredo Bello Díaz, representante de la organización de transporte “José Bello Catalán”, señala que los tenedores de concesiones de taxis no han podido con los costos por de los trámites…
Otra es la historia de los concesionarios de las “rutas”. De los 40 centavos que costaba un pasaje en las postrimerías de los años cincuenta y 45 en los sesenta, escaló a 50, 60 y 70 centavos, para cinco años después llegar hasta un peso con 50 centavos como consecuencia de la primera devaluación del peso en el gobierno de Luis Echeverría Álvarez.
Se acercaba el final de la década de los ochenta del siglo pasado cuando el pulpo camionero dio la última boqueada. Databa de fines de los setenta, monopolizado el servicio por el zar del transporte, Jesús Escudero, un multimillonario propietario de autobuses de pasaje urbano en Acapulco y gente, se decía, del cacique del priismo guerrerense Rubén Figueroa Figueroa.
En Morelos, Escudero les compró autobuses y concesiones a los dueños de las líneas de camiones urbanos y suburbanos Chapultepec, Urbanos y Emiliano Zapata.
En 1979-80, los usuarios de Cuernavaca y municipios aledaños estaban hartos de que los permisionarios del transporte urbano subieran las tarifas cada vez que les daba la gana. Los transportistas estaban amafiados con funcionarios corruptos.
De pronto convertidos en concesionarios, choferes de taxis y autobuses urbanos empezaron a recorrer las calles con coches a manera de taxis “peseros”, como había en el entonces Distrito Federal, viejos la mayoría, y combis usadas que los usuarios aceptaron de buen talante. Creadas como el Sistema de Transporte Colectivo por el entonces gobernador Lauro
Ortega Martínez, sorteada una parte de las concesiones en el desaparecido cine Ocampo (el hoy Teatro de la Ciudad) a choferes de taxis, otra parte a permisionarios de los antiguos autobuses de servicio urbano de pasajeros y una tajada más del pastel a las dirigencias de la CTM y el SNTE que fundaron las rutas obrera y escolar.
Sin embargo, una vez muerto el pulpo camionero poco tardó en ser parido el monstruo rutero, vendidas las concesiones por ex taxistas que no supieron manejar el negocio, acaparadas por flotilleros voraces, distribuido el botín entre presidentes de rutas y revividos los permisos del monopolio de Escudero. Pero lo peor: ya no con uno sino con varios interlocutores frente al gobierno y parecidos o iguales vicios, explotados laboralmente los choferes que
hasta hoy cubren jornadas de más de ocho horas sin prestación laboral alguna, en un servicio público de tercer mundo padecido por miles de niños y adultos que viajan apiñados en combis y microbuses, la mayoría de modelos atrasados.
Hace dos años los dueños de las “rutas” volvieron a amentar la tarifa mínima, de 10 a 15 pesos, pero ya no con la anuencia del Gobierno del Estado sino pretendiendo involucrar a Universidad Autónoma del Estado de Morelos pidiéndole que elaborara un estudio socio económico para justificar el tarifazo.
En la Ciudad de México la tarifa del transporte público concesionado (microbuses, vagonetas y autobuses) oscila entre 7.50 y 9.50 pesos según la distancia. De 0 a 5 kilómetros $7.50, de 5 a 12 kilómetros $8.00, de 12 kilómetros $9.00. Y así el promedio nacional, excepto en Morelos en cuyas “rutas” el costo del pasaje alcanza hasta 15 pesos… (Me leen mañana).
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