Las personas de 60 años y más que suman miles deberían estar pagando una tarifa mínima de sólo cinco pesos en las “rutas”. Pero la mayoría de los usuarios de la tercera edad no lo sabe, a los choferes y los concesionarios no les conviene decirlo y el problema es que en realidad no hay descuento en la tarifa mínima de trece pesos que entró en vigor el primer día de julio pasado. Para información de los usuarios los permisionarios deberían exhibir la nueva tarifa en las rutas, pegando cartulinas en el interior de los microbuses y en las camionetas tipo combi, informando que los “viejos” de 50 años y más tienen derecho a una tarifa de solamente cinco pesos. Sin embargo, esto no sucede ni sucederá, pues afectaría los intereses de los dueños de las “rutas” y el porcentaje de los choferes en “la cuenta” diaria. El tarifazo no beneficia a la mayoría a los usuarios, sino a los operadores y concesionarios…
De sobra es sabido que no sirven las manifestaciones de protesta contra el aumento de la tarifa en el transporte colectivo con itinerario fijo. Una de dos: el incremento es “concertado” por seudo líderes sociales que aprovechan la oportunidad para saciar sus intereses personales, aderezado el asunto con el típico “plantón” en la Plaza de Armas por parte de algún falso dirigente que simula consignas de inconformidad. Este tipo de oportunistas se rasgan las vestiduras; vociferan “amenazas” contra el pulpo rutero a sabiendas de que nunca hay marcha atrás en los golpes a la economía de los usuarios…
Lejos quedaron aquellos días cuando el gobernador del sexenio 1982-88 Lauro Ortega Martínez se comprometió a acabar con el monopolio transportista. A la mitad de su mandato, después de que invitó a los permisionarios a formar empresas junto con sus choferes para diversificar y aumentar los derroteros, al recibir un contundente no se lanzó con todo contra el llamado “pulpo camionero”, como él mismo lo aludía, haciéndose eco del sentir popular. Entregó concesiones a los particulares que quisieron participar, se crearon las primeras 19 rutas que ahora se conocen y una más fue asignada a la Confederación de Trabajadores de México (CTM), la Ruta 20 con las respectivas concesiones.
El desplazamiento de las líneas de autobuses Urbanos de Cuernavaca, Chapultepec y Emiliano Zapata, las dos últimas mejor conocidos como “Chapulines” y “Chocolates”, fueron sustituidas por el Sistema de Transporte Colectivo con Itinerario Fijo, bautizado por los morelenses como “rutas”. El cambio fue ordenado por el gobernador Ortega, pocos años después de una serie de secuestro de autobuses perpetrada por los muchachos de la Federación de Estudiantes Universitarios de Morelos (FEUM), de la Escuela Preparatoria Uno y de otros planteles de nivel medio superior, como los tecnológicos de Civac y Zacatepec. En 1979-80, los usuarios de Cuernavaca y municipios circunvecinos estaban hartos de que los permisionarios subieran las tarifas cada vez que les daba la gana. De los 40 centavos que costaba un pasaje en las postrimerías de los años cincuenta y los 45 centavos en los sesenta, a finales de esa década subió el costo a 50, 60 y 70 centavos, y para 1974 y 1975 ya era de $1.50 como consecuencia de la primera devaluación del peso en el gobierno de Luis Echeverría Álvarez, quien moriría en 2022… (Me leen mañana).
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