Septiembre de 2011. En el pueblo de Atlaholohaya los padres de familia observan a una mujer de entre sesenta y setenta años que merodea por la escuela. Se les hace sospechosa, hablan de mensajes anónimos amenazándolos con que se llevaran a sus hijos. Alguien deduce: la forastera es una robachicos, así que la atrapan, la entregan a policías y éstos la resguardan en el local de la Ayudantía Municipal. Llevada a la Procuraduría General de Justicia (PGJ) junto con el Volkswagen con placas del Distrito Federal en el que se desplazaba, alega que, si estaba en la escuela, era para vender “productos de magia”. Pese al convenio acordado por los lugareños y la PGJ que la señaló “en óptimo estado de salud”, el incidente trascendió a Cuernavaca como una intentona de linchamiento. Tenso el ambiente, la comunidad estaba lista para lincharla…
Tres meses antes, en Atlacholohaya varios lugareños solicitan urgentemente la presencia de policías ministeriales. Aseguran que una mujer pretende llevarse a unas niñas de la escuela primaria Bernabé Bravo. Basada en las pruebas presentadas, la PGJ ordena la reclusión de la acusada para someterla a juicio oral por el delito de sustracción de menores... Un año antes, en agosto de 2010 pobladores de Tetela del Volcán aseguran a cinco secuestradores, cuatro hombres y una mujer. Mostrados en la televisión, aparecen maniatados en el asta bandera del pequeño zócalo. Desnudos, aterrados, sintiéndose en la antesala de la muerte con la lumbre llegándoles a los aparejos por la fogata circundante que les han arrimado a los pies, acaban confesando sus crímenes... Y como estos episodios angustiantes muchos más en la “era vieja” por causa de la desconfianza en la autoridad, por el mismo motivo en los “tiempos nuevos que la gente decente está hasta la madre de los delincuentes. Es triste decirlo, pero así suele suceder…
Zacualpan de Amilpas, septiembre de 1992. Vecinos enardecidos linchan a dos policías preventivos de nombres Marcos Villafán Montanes y José Santos Caballero que habían asaltado a un matrimonio. Aseguran que con anterioridad entregaron a dos violadores a la Policía Judicial, pero el agente del Ministerio Público de Jonacatepec soltó a uno, de modo que decidieron hacerse justicia por su propia mano… Tlayecac, marzo de 2003. Mariano García Escamilla, un joven de 21 años, es colgado por la multitud que se “justifica”. Pretextan que hacía dos años que le habían advertido que no lo querían ver en su pueblo, que tenía reputación de abigeo. Era de Huazulco, municipio de Temoac...
Presente aún en la memoria de los viejos temoaquenses el linchamiento de 1975, “perdida” el acta ministerial que le tocó levantar al agente del Ministerio Publico, Heliodoro Brito, en la que los declarantes aseguraron que nada sabían de los judiciales quemados vivos por la multitud que acudió al tañido de las campanas, y acusados los “agentes del orden” que fueron sometidos a juicio sumario de que por segunda vez intentaron extorsionar a un curandero muy estimado por el pueblo… Entonces como hoy, que lo piense dos veces la delincuencia: son los linchamientos por desconfianza en la autoridad una expresión de venganza en zonas vecinas del oriente de Morelos y el poniente de Puebla…
Frecuentes los episodios de ejecuciones colectivas, de linchamientos en áreas rurales y urbanas, de Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Morelos, en la anarquía no hay mucha distancia. En cualquier momento y rincón de país escala el clímax de Lope de Vega: “¿Quién mató al Comendador? Fuenteovejuna, Señor. ¿Quién es Fuenteovejuna? Todo el pueblo, a una”… (Me leen mañana).
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