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Está con­si­de­rada como la unión del pue­blo con­tra la opre­sión y el atro­pe­llo. En el caso del México actual, es la mani­fes­ta­ción del har­tazgo con­tra la corrup­ción y com­pli­ci­dad de poli­cías y auto­ri­da­des con el cri­men orga­ni­zado o la delin­cuen­cia “menor”. La pre­gunta que ante­cede a una eje­cu­ción colec­tiva es: ¿para qué entre­gar a los delin­cuen­tes a la poli­cía si los va a libe­rar? Es enton­ces que, espon­tá­nea y en forma ins­tin­tiva, sobre­viene el ajus­ti­cia­miento colec­tivo por pro­pia mano.

La refe­ren­cia obli­gada a “Fuen­teo­ve­juna” es cuando ocu­rre una lapi­da­ción tumul­tua­ria. Se trata de las obras de tea­tro clá­si­cas del Siglo de Oro espa­ñol, del dra­ma­turgo Félix Lope de Vega y Car­pio. Fue com­puesta en tres actos, en 1613, y publi­cada en Madrid cinco años des­pués como parte de las come­dias del dra­ma­turgo madri­leño. A más de poco más de cua­tro cen­tu­rias de su apa­ri­ción, ante la ausen­cia de la jus­ti­cia de quie­nes debe­rían pro­cu­rarla, esta esce­ni­fi­ca­ción man­tiene vigen­cia en México.

Fuen­teo­ve­ju­nas. No suce­dió en More­los sino en terri­to­rio poblano. Pasó desa­per­ci­bido el lin­cha­miento de dos secues­tra­do­res more­len­ses, uno vecino de Ama­yuca y el otro de Jan­te­telco.

Se publicó el último lunes de sep­tiem­bre de 2015: traían secues­trada a una joven­cita de 15 años que de alguna manera logró esca­par. Un grupo de luga­re­ños del pue­blo Cohue­can, cerca de los lími­tes con More­los, ubicó la camio­neta de los delin­cuen­tes, los aga­rra­ron y los lle­va­ron a su pue­blo donde los mata­ron a gol­pes, mache­ta­zos y bala­zos…

Del archivo del colum­nista: Al lin­cha­miento de los poli­cías de la Fede­ral Pre­ven­tiva siguió un tipo de lin­cha­miento polí­tico. Fun­cio­na­rios y medios de comu­ni­ca­ción afi­nes al pre­si­dente Vicente Fox y al Par­tido Acción Nacio­nal pre­ten­die­ron cul­par al gobierno de la Ciu­dad de México, es decir, a Andrés Manuel López Obra­dor, de que la poli­cía capi­ta­lina no llegó a tiempo para evi­tar la muerte de los dos fede­ra­les y las heri­das a uno más, la noche del mar­tes 26 de noviem­bre de 2004 en la comu­ni­dad San Juan Ixta­yo­pan de la dele­ga­ción Tláhuac.

De nada les sir­vió a los jefes de las cor­po­ra­cio­nes poli­cia­cas insis­tir en que las cir­cuns­tan­cias de tiempo, de dis­tan­cia y del trá­fico atas­cado hicie­ron mate­rial­mente impo­si­ble enviar refuer­zos, con la rapi­dez y el número de uni­for­ma­dos que urgía la emer­gen­cia. Sin embargo, esa no fue la esen­cia del pro­blema, y sí la alta carga de irri­ta­ción social que suele dege­ne­rar en hechos de bar­ba­rie, sin duda lamen­ta­bles cuanto con­de­na­bles.

Enton­ces como ahora, la mez­cla del desem­pleo, inse­gu­ri­dad, cares­tía y pobreza tiene a la gente muy eno­jada, y este sen­ti­miento, siendo per­ma­nente, explota en mani­fes­ta­cio­nes de ingo­ber­na­bi­li­dad, como otros que ya han suce­dido y este que nos ocupa. Lo malo está en que los gobier­nos de cua­les­quiera par­ti­dos no van a la sus­tan­cia del pro­blema, y en lugar de bus­car solu­cio­nes de fondo sigue sir­viendo el mismo coc­tel de infe­li­ci­dad a millo­nes de mexi­ca­nos pobres. En aquel acto atroz de San Juan Ixta­yo­pan, más pre­sio­nado por el repro­che social tras haber sido inca­paz de con­ju­rar lo que pare­ció ine­vi­ta­ble que impul­sado por su obli­ga­ción de hacer jus­ti­cia, un día des­pués el gobierno foxista reac­cionó enviando mil cien poli­cías, de la Pro­cu­ra­du­ría Gene­ral de la Repú­blica y del Dis­trito Fede­ral.

Detu­vie­ron a treinta y tres veci­nos, con­ti­nua­ron las aprehen­sio­nes y, para que no se dijera que aga­rra­ron parejo, afir­ma­ron que los dete­ni­dos fue­ron iden­ti­fi­ca­dos por medio de foto­gra­fías. De haber sido así, las tele­vi­so­ras que las impri­mie­ron se con­vir­tie­ron en “soplo­nes” de la poli­cía, pro­por­cio­nán­dole las imá­ge­nes de las per­so­nas de la turba que per­pe­tró el lin­cha­miento. ¿Pero todos los ase­gu­ra­dos fue­ron efec­ti­va­mente cul­pa­bles? ¿Y los que resul­ta­ron ino­cen­tes pasa­ron años en pri­sión?... (Me leen mañana).

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Sobre el autor

José Manuel Pérez Durán
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