En 2004, Morelos volvió a escuchar el nombre de Rubén Jaramillo cuando explotaron bombas en sucursales bancarias de Cuernavaca. Un grupo autodenominado Comando Jaramillista Morelense 23 de Mayo se atribuyó los hechos, pero nunca se comprobó su existencia. La duda quedó: ¿grupo radical o distractor político creado desde el poder?
La figura de Jaramillo, símbolo campesino y guerrillero, se había convertido en bandera de lucha décadas atrás. En 1962 fue sacado de su casa en Tlaquiltenango junto con su esposa Epifanía Zúñiga, embarazada, y sus hijos Enrique, Filemón y Ricardo. Todos fueron asesinados cerca de Xochicalco, sin investigación ni culpables.
Años después, Florencio “El Güero” Medrano retomó su causa y fundó la colonia Rubén Jaramillo, un experimento de comunidad socialista en tierras donde se planeaba un fraccionamiento de lujo. Así, el nombre de Jaramillo siguió vivo como emblema de justicia social y resistencia morelense.
3. Emilio Rivapalacio Morales
Hace casi seis décadas, Morelos se transformó con la llegada de la industria automotriz japonesa. En 1965, el gobernador Emilio Rivapalacio Morales impulsó la creación del parque industrial CIVAC, buscando alternativas ante la baja recaudación y la dependencia agrícola del estado.
Con apoyo de economistas del Banco Nacional de México, trajo inversiones que darían origen a Nissan Mexicana, la primera planta de la firma fuera de Japón. Obreros locales, entrenados en el edificio Benedicto Ruiz de Cuernavaca, aprendieron a ensamblar los primeros autos Blue Bird, conocidos como “la Dasun”.
El 12 de mayo de 1966 la planta inició operaciones y marcó el inicio del desarrollo industrial en la entidad. Desde entonces, nada comparable en generación de empleo o impulso económico ha vuelto a ocurrir en Morelos.
(Me leen el lunes).
Atril: Quiénes en la rotonda de morelenses (Segunda de dos partes)
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