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Nues­tro clima tem­plado se debe a la oro­gra­fía en que está asen­tado la mayor parte de More­los. Ama­nalco, Analco, De los Cal­dos, Del Dia­blo, El Teco­lote, Salto Chico y Salto Grande son caña­das o tra­mos de ram­blas que hacen las veces de “pro­duc­to­ras de hume­dad”.

El micro­clima de las oque­da­des que cru­zan a Cuer­na­vaca de norte a sur se da por la pre­sen­cia de una flora abun­dante todo el año, por cuer­pos de agua (muy con­ta­mi­na­dos) y la reno­va­ción de unos y otros con las tem­po­ra­das de llu­vias.

Pro­gra­mas de recu­pe­ra­ción ha habido desde que tene­mos memo­ria, como la fallida cons­truc­ción de plan­tas tra­ta­do­ras de agua en los már­ge­nes para blo­quear las aguas negras de las vivien­das, el plan de reu­bi­car casu­chas de fami­lias en pau­pé­rri­mas con­di­cio­nes y crear más anda­do­res o paseos barran­que­ños. Sin ser nueva esta idea, lle­varla a cabo con­ver­ti­ría a las barran­cas en un atrac­tivo turís­ti­ca­mente sus­ten­ta­ble.

Desde las gote­ras del Chi­chi­naut­zin hasta más allá de Temixco, el gran valle de Cuer­na­vaca tiene alre­de­dor de sesenta barran­cas, ves­tida la capi­tal como la ciu­dad de la eterna pri­ma­vera por la regu­la­ción de su clima gra­cias a sus caña­das. En la última década del siglo pasado la barranca de Ama­nalco fue par­cial­mente res­ca­tada por el enton­ces alcalde Alfonso San­do­val Camu­ñas.

Cons­truyó un anda­dor de tres­cien­tos metros acon­di­cio­nado como paseo turís­tico con la entrada al lado de la vecin­dad Casa de La Coro­nela y otro anda­dor que se pro­longa abajo del puente Por­fi­rio Díaz, donde se admira el denso follaje y se dis­fruta la tran­qui­li­dad al des­cen­der, aho­ga­dos los rui­dos del tra­jín de la ciu­dad al punto que sólo se escu­chan los can­tos de las aves y el rumor del agua corriendo entre las pie­dras. El acceso hace años que está cerrado.

Las barran­cas son el paso de ríos per­ma­nen­tes y tem­po­ra­les, algu­nas cru­zan la ciu­dad y se van uniendo poco a poco for­mando el río Apat­laco, el afluente del Ama­cu­zac en la zona sur. La pre­sen­cia de las barran­cas junto a las corrien­tes de agua de los ríos y la vege­ta­ción gene­ran el clima agra­da­ble de Cuer­na­vaca y parte de Temixco, donde el gra­diente tér­mico no mues­tra gran­des osci­la­cio­nes durante el año. Esto se debe a que el sis­tema de barran­cas pro­mueve el paso de vien­tos tem­pla­dos pro­ve­nien­tes del norte que, al atra­ve­sar­las, pro­duce un des­censo de la tem­pe­ra­tura, creando un clima fresco.

Por esta acción se con­si­dera que el sis­tema de barran­cas actúa como un radia­dor que favo­rece la esta­bi­li­dad de nues­tro clima. Esto es muy fácil de com­pro­bar. Cuando nos ale­ja­mos de la influen­cia directa de las barran­cas se nota un aumento de la tem­pe­ra­tura por­que existe una fuerte absor­ción de radia­ción solar, y esto, en la actual situa­ción de Cuer­na­vaca que ha redu­cido sus áreas ver­des, ha aumen­tado gra­ve­mente. Ubi­cado en un 5.1 por ciento anual en pro­me­dio, de los años setenta a los noventa del siglo ante­rior el cre­ci­miento ace­le­rado y desor­de­nado de la ciu­dad impuso una enorme pre­sión sobre los eco­sis­te­mas y los recur­sos hidro­ló­gi­cos.

Este desa­rro­llo sin pla­nea­ción y en la mayor parte fuera de la ley ha impac­tado en los recur­sos natu­ra­les vita­les que son el orgu­llo de Cuer­na­vaca, como el clima, el agua y la exu­be­rante vege­ta­ción. Por si no fuera sufi­ciente, bajo estos efec­tos dañi­nos los pue­blos tra­di­cio­na­les de Cuer­na­vaca han sido los que más han sufrido desde el punto de vista ambien­tal y social. ¿Dónde quedó la “eco­zona”? ¿Dónde quedó la con­ti­nui­dad del Pro­yecto Eco­zona de hace al menos una década? Comenzó vol­viendo pea­to­nal la calle Gue­rrero, pero poco tardó en vol­ver a ser inva­dida por el trán­sito de vehí­cu­los auto­mo­to­res. Hoy, des­pla­zarse a pie o en coche por esta parte del cen­tro his­tó­rico es un cal­va­rio…

UN MUERTO se encon­traba en un Chevy blanco, y otro más ten­dido sobre la calle Tepuente del poblado de Santa María Ahua­ca­tit­lán. Fue­ron ase­si­na­dos a bala­zos la tarde del del domingo pasado. Heri­dos de gra­ve­dad, los para­mé­di­cos con­fir­ma­ron la muerte de ambos… Minu­tos antes de las 10:00 horas, un hom­bre fue pri­vado de la vida en la calle More­los de la colo­nia Santa Cruz Vista Ale­gre, en Maza­te­pec. Aler­ta­dos por el ruido de los bala­zos, unos veci­nos repor­ta­ron las deto­na­cio­nes a la poli­cía que se movi­lizó en esa comu­ni­dad colin­dante con el muni­ci­pio de Tete­cala. La víc­tima ya no con­taba con sig­nos vita­les, y hacía un rato que los ase­si­nos habían huido…

Estos casos ejem­pli­fi­can el infor­tu­nio de que el estado de More­los haya ter­mi­nado en la posi­ción número 29 de 32 en el reciente estu­dio del Ins­ti­tuto para la Eco­no­mía y la Paz. Aun­que bajó un esca­lón con res­pecto al año ante­rior, la per­cep­ción de inse­gu­ri­dad llegó al 90.1 por ciento. Esto de acuerdo al informe reciente de Michael Collins, direc­tor eje­cu­tivo para las Amé­ri­cas del citado ins­ti­tuto... Me leen mañana).

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Sobre el autor

José Manuel Pérez Durán
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