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Atril: La primavera de los pobres (Segunda de dos partes)

Sobre la voca­ción turís­tica de More­los hay que ano­tar los seg­men­tos de mayor pre­sen­cia e impacto, den­tro de este sec­tor y en orden decre­ciente: Hos­pe­daje, bal­nea­rios y par­ques acuá­ti­cos, eco­lo­gía y ser­vi­cios de trans­porte turís­tico 2%. Otros: escue­las de espa­ñol, vida noc­turna, spás, temaz­ca­les y jar­di­nes para even­tos. Estas citas dan una idea del poten­cial que hay por expan­dir y apo­yar para que los seg­men­tos men­cio­na­dos incre­men­ten su impor­tan­cia eco­nó­mica. Por ejem­plo, en los ser­vi­cios cata­lo­ga­dos como “otros” está el de las escue­las de ense­ñanza del espa­ñol, uno de los muchos casos que quince años atrás “se los llevó el payaso” por las omi­sio­nes y negli­gen­cias de las admi­nis­tra­cio­nes albia­zu­les en mate­ria de segu­ri­dad pública, si con­si­de­ra­mos que hasta ese enton­ces Cuer­na­vaca fue un lugar impor­tante en la impar­ti­ción de la len­gua de Cer­van­tes a nivel inter­na­cio­nal, sólo des­pués de la espa­ñola Sala­manca.

More­los con­serva la pre­fe­ren­cia de los capi­ta­li­nos como el lugar más cer­cano del área cen­tral del país para pasear o des­can­sar.

Por su parte, los empre­sa­rios turís­ti­cos, y con mayor inte­rés las comu­ni­da­des cam­pe­si­nas, así como auto­ri­da­des eji­da­les y comu­na­les, pue­den inver­tir en acti­vi­da­des eco­tu­rís­ti­cas, como la bici­cleta de mon­taña, pun­tos de obser­va­ción de la natu­ra­leza, sen­de­rismo y recrea­cio­nes acuá­ti­cas. El golf y tenis no, por­que absor­ben mucha tie­rra cul­ti­va­ble y gene­ran esca­sos empleos. A muchas fami­lias les gusta venir a More­los para pre­sen­ciar acti­vi­da­des cul­tu­ra­les, espec­tá­cu­los, talle­res de arte­sa­nías y cocina regio­nal, otro rubro mal aten­dido.

Las debi­li­da­des del sec­tor turís­tico de More­los siguen siendo la falta de con­cen­tra­ción y divul­ga­ción en todo el país para la oferta, insu­fi­ciente la pro­mo­ción grá­fica y elec­tró­nica de los atrac­ti­vos, bajo por­cen­taje de ocu­pa­ción hote­lera, defi­cien­cia en carre­te­ras y trans­porte en rutas turís­ti­cas, aumento del trá­fico vehi­cu­lar en deter­mi­na­das zonas y cue­llos de bote­lla en otras. Sub­sis­ten la per­cep­ción de inse­gu­ri­dad, un pro­blema sig­ni­fi­ca­tivo res­pecto a la con­fia­bi­li­dad de las cifras ofi­cia­les regis­tra­das para More­los y otras enti­da­des; que­jas por esca­sez de par­ques o espa­cios abier­tos y falta de even­tos de rele­van­cia.

Los retos y opor­tu­ni­da­des del turismo en More­los, del que depende la eco­no­mía de miles de fami­lias dedi­ca­das a la pro­vee­du­ría y la pres­ta­ción ser­vi­cios, con­sis­ten en la diver­si­fi­ca­ción de la oferta de pro­duc­tos y atrac­ti­vos turís­ti­cos, como los ya men­cio­na­dos; for­ta­le­cer la oferta hote­lera en múl­ti­ples muni­ci­pios, mejo­rar la ocu­pa­ción en otros y apo­yar el turismo cul­tu­ral. Estos seg­men­tos tie­nen la ven­taja adi­cio­nal de ser “boni­tos y bara­tos”, y por lo tanto acce­si­bles a las mayo­rías.

Las acti­vi­da­des vera­nie­gas cita­das al prin­ci­pio de este espa­cio nos­tál­gico eran los paseos y sitios de diver­sión. Cuando el dinero alcan­zaba para ir a la matiné del extinto Cine Ala­meda, pre­via la adver­ten­cia

de no brin­car sobre las buta­cas ante los roe­do­res del tamaño de cone­jos que se des­pla­za­ban en el piso de la sala, aguan­tar el aroma a pollo ros­ti­zado que algún tra­gón com­praba en la ros­ti­ce­ría “La Madri­leña”, y en las fun­cio­nes de la tarde-noche aguan­tar el “olor a huma­ni­dad” de ciné­fi­los des­ca­mi­sa­dos. Hoy es eco­nó­mi­ca­mente prohi­bi­tivo para la mayo­ría de las fami­lias ir a las salas cine­ma­to­grá­fi­cas a dis­fru­tar los estre­nos de éxi­tos taqui­lle­ros.

Vera­near es un asunto de cla­ses. Hay sec­to­res de la pobla­ción a los cua­les nomás les alcanza para domin­guear alre­de­dor del quiosco del Jar­dín Juá­rez o deam­bu­lar en los zóca­los de las cabe­ce­ras muni­ci­pa­les, mien­tras otros seg­men­tos lo hacen en la Plaza Cuer­na­vaca o en Gale­rías Cuer­na­vaca, por citar uno de tan­tos ejem­plos de la desi­gual­dad que abunda en More­los y el país. Tris­te­mente, una cues­tión de pre­su­pues­tos… (Me leen el lunes).

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

Sobre el autor

JPerez
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