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Atril: De la miseria a la sustentabilidad… (Segunda de dos partes)

De acuerdo a las eta­pas his­tó­ri­cas de México, se advierte la forma en que la estruc­tura eco­nó­mica deter­mina el tipo de vida de los pue­blos. La Con­quista y la Colo­nia tra­je­ron las hacien­das cañe­ras, en las cua­les la pobla­ción indí­gena se usó como la prin­ci­pal mano de obra. Vino la Inde­pen­den­cia, la con­vul­sión de la nación mexi­cana en busca de su con­so­li­da­ción en tiem­pos de Santa Anna, las inva­sio­nes nor­tea­me­ri­ca­nas y la fran­cesa, la Gue­rra de Reforma y el Pri­mer Impe­rio; pero las con­di­cio­nes de vida del grueso de la pobla­ción con­ti­nua­ron al nivel simi­lar o peor que en el vasa­llaje feu­dal euro­peo. Hasta aquí, sin embargo, la geo­gra­fía física y humana de More­los sólo tuvo que adap­tarse a las exten­sio­nes de plan­tíos de caña. Del siglo XVI al XIX la hacienda fue el cen­tro de poder eco­nó­mico, social y hasta polí­tico, por encima incluso de las sedes de los gobier­nos dis­tri­tal y muni­ci­pal. Pue­blos y ciu­da­des man­tu­vie­ron tasas de cre­ci­miento pobla­cio­nal rela­ti­va­mente bajas; la socie­dad era emi­nen­te­mente rural y agrí­cola. Las cosas empe­za­ron a cam­biar con el paso de la manu­fac­tura arte­sa­nal de los deri­va­dos de la caña, hecha en tra­pi­ches movi­dos con fuerza ani­mal o acaso hidráu­lica, a la intro­duc­ción de cal­de­ras y máqui­nas movi­das a vapor.

OLIGARQUÍA.

La revo­lu­ción indus­trial en More­los de media­dos del siglo XIX, hizo posi­ble el cre­ci­miento expo­nen­cial de los ingre­sos de los hacen­da­dos, hasta con­ver­tir­los en la casta oli­gár­quica que derivó en clase polí­tica. La pri­mera “maqui­ni­za­ción” a escala toda­vía modesta se dio entre 1860 y 1890, y la segunda, más fuerte en inver­sio­nes y gran­des maqui­na­rias, fue de 1890 1910, inclu­yendo la apa­ri­ción del ferro­ca­rril en More­los.

Fue en el pri­mer período de expan­sión de las hacien­das que se dio la crea­ción del estado de More­los. Fran­cisco Leyva, el pri­mer gober­na­dor, estaba deci­dido a man­te­nerse ale­jado del con­flicto entre las cla­ses agra­rias. Como repre­sen­tante de un Estado libe­ral en lo polí­tico y en lo eco­nó­mico, Leyva reci­bió ins­truc­cio­nes de su jefe, el pre­si­dente Benito Juá­rez, de no meterse en los pro­ble­mas de hacen­da­dos y comu­ni­da­des cam­pe­si­nas e indí­ge­nas. Pero tam­poco debía “ponerse de tapete” a los millo­na­rios que junto con los jerar­cas del clero y mili­ta­res orto­do­xos for­ma­ban parte del grupo de ricos con­ser­va­do­res.

Leyva optó por “nadar de muer­tito” y apo­yar la indus­tria­li­za­ción cañera, pero los hacen­da­dos no olvi­da­ron sus ansias de expan­sión a costa de las par­ce­las de los pue­blos. De ahí que los pue­blos cam­pe­si­nos vie­ron con deses­pe­ra­ción cómo las hacien­das ocu­pa­ban cada día nue­vas exten­sio­nes de tie­rra, ade­más de pade­cer la explo­ta­ción de la mano de obra y el abuso de las deu­das impa­ga­bles en las tien­das de raya. Al morir Juá­rez en 1872, el pri­mero en apun­tarse para suce­derlo fue Por­fi­rio Díaz, y sin embargo le comió el man­dado el pre­si­dente de la Suprema Corte de Jus­ti­cia, Miguel Lerdo de Tejada. Éste estuvo tran­quilo hasta 1876, año en que Díaz lo derrocó, eli­minó la última resis­ten­cia ler­dista en Vera­cruz con aquel “¡máten­los en caliente!” y el mili­tar oaxa­queño se pre­paró para per­pe­tuarse en el poder durante los siguien­tes 34 años.

Sobra decir que los hacen­da­dos­go­ber­na­do­res, repre­sen­tan­tes de la clase oli­gár­quica y explo­ta­dora, estu­vie­ron bas­tante arro­pa­dos en los man­da­tos de don Por­fi­rio. Fue­ron seis gober­na­do­res de extrac­ción hacen­da­ria: Car­los Pacheco Villa­lo­bos, Car­los Qua­glia Zim­brón, Jesús Her­lindo Pre­ciado, Manuel Alar­cón y Pablo Escan­dón Barrón. Este último llegó por impo­si­ción y fraude de los “cien­tí­fi­cos por­fi­ris­tas”, y a par­tir de noviem­bre de 1910 se empezó a escri­bir la his­to­ria de los hacen­da­dos-gober­na­do­res cuya caída se hizo inmi­nente.

A mayor demanda de pro­ducto, mayor pro­duc­ción meca­ni­zada y mayor des­pojo de tie­rras fue que esta­lló la Revo­lu­ción con­tra ese sis­tema de explo­ta­ción y desi­gual­dad. Des­pués se dio el reparto agra­rio que duró hasta 1950. En la década de los años sesenta del siglo pasado tuvo lugar lo que podría­mos ubi­car como la “segunda indus­tria­li­za­ción” de More­los, cuando se ins­ta­la­ron fábri­cas como Tex­ti­les More­los, Nis­san y la Ciu­dad Indus­trial del Valle de Cuer­na­vaca (CIVAC). ¿Cuánto no ha cam­biado nues­tra enti­dad desde enton­ces?

PERSPECTIVA.

Más que estar de moda, la sus­ten­ta­bi­li­dad y la eco­no­mía basada en la gene­ra­ción del cono­ci­miento e inno­va­ción es una exi­gen­cia ine­lu­di­ble. De otra forma vamos directo al sui­ci­dio de la huma­ni­dad mediante el cam­bio cli­má­tico, el exter­mi­nio de nume­ro­sas for­mas de vida y de la bio­di­ver­si­dad de nues­tro pla­neta.

Queda claro el obje­tivo. Una vez supe­rado el libe­ra­lismo y el neo­li­be­ra­lismo eco­nó­mico que pro­pi­cia­ron la mise­ria y depre­da­ron los eco­sis­te­mas de la Tie­rra, con el siglo XXI entra­mos a la Eco­no­mía del Cono­ci­miento como estra­te­gia de res­cate del medio ambiente y de la cali­dad de vida de los habi­tan­tes de regio­nes como la a Mega­ló­po­lis del Cen­tro de México.

El reto para la socie­dad y los gobier­nos es enorme. Ojalá no sea dema­siado tarde… (Me leen mañana).

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

Sobre el autor

JPerez
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