Una de las peores catástrofes naturales de los últimos años sacudió a Venezuela, al registrarse dos potentes terremotos de magnitud 7.2 y 7.5, la tarde del pasado miércoles en las zonas centro y norte de ese país. Los movimientos telúricos colapsaron infraestructura clave, y han dejado un saldo trágico de cientos de muertos y de heridos. La narrativa del periódico “El Nacional”, de Caracas, dibujó la desgracia. Describió: Un día después del terremoto la solidaridad vecinal sostiene la esperanza en medio de la tragedia.
Las calles de la capital dan cuenta del impacto del desastre: edificios destruidos, familias desplazadas y una movilización ciudadana que acompaña las labores de rescate en las zonas más afectadas. Caracas amaneció este jueves sumida en la incertidumbre y el duelo tras los dos terremotos registrados el miércoles. Mientras el balance de víctimas continúa en aumento, cientos de personas permanecen desaparecidas o atrapadas bajo edificios colapsados, en una emergencia que provocó uno de los episodios más traumáticos de la historia reciente del país.
Al recorrer las calles, el paisaje urbano da cuenta de la magnitud de la tragedia. El último balance reporta 235 personas fallecidas, más 4,300 heridos y más de 70,000 familias damnificadas por la pérdida o los daños severos en sus viviendas. En Altamira y Los Palos Grandes, numerosos edificios presentan graves afectaciones estructurales.
Las fachadas muestran enormes grietas y el derrumbe de paredes completas deja al descubierto el interior de los apartamentos. En las aceras, la escena se repite de cuadra en cuadra: personas abandonan sus hogares con maletas improvisadas, llevando las pocas pertenencias que alcanzan a rescatar antes de alejarse de las edificaciones en riesgo. La presidenta encargada de la nación sudamericana, Delcy Rodríguez, declaró formalmente el estado de emergencia nacional para agilizar los trabajos de remoción de escombros. Las zonas más golpeadas por el desastre incluyen la capital, Caracas, así como las regiones de La Guaira, San Felipe, Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón…
En México septiembre ha sido un mes bañado por la desgracia. Los sismos de 1985 y 2017 ocurrieron en días 19 de septiembre, murieron docenas de miles de mexicanos y hasta hoy las pérdidas materiales resultan incuantificables. También en septiembre, pero en 2014, se registró un sismo por la mañana, nueve minutos antes del ocurrido el día 19 del noveno mes de 1985.
Tuvo una magnitud de 3.5 grados, ocurrió a las 7.12 y el epicentro fue a 23 kilómetros al oeste de Pinotepa Nacional, Oaxaca. Con el sismo de 2017, la naturaleza nos recordó el temblor de 1985. Las cifras del gobierno de México de aquel entonces dejaron el saldo en seis o siete mil muertos y desaparecidos, pero al paso de los años y los reportes de desaparecidos
llegó a la cantidad de diez mil fallecimientos. Otro cálculo aproximado fue que los daños alcanzaron la cifra de 400 mil millones de dólares por la destrucción que equivalió a una carga de mil toneladas de dinamita, según los expertos. Las personas rescatadas con vida de los escombros fueron aproximadamente cuatro mil; hubo gente que fue rescatada viva entre los derrumbes hasta diez días después de ocurrido el primer sismo.
El número de estructuras destruidas en su totalidad fue de aproximadamente 30 mil, con daños parciales de 68 mil. El 19 de septiembre de 2017, la sacudida se sintió mucho más fuerte en el territorio morelense que treinta y dos años atrás, el 19 de septiembre de 1985. Causó daños graves, sobre todo en Jojutla, distante el pueblo de Axochiapan unos cuarenta kilómetros en línea recta del epicentro del sismo… (Me leen mañana).
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