¿Quién no recuerda a un maestro o maestra en especial? Por estrictos, por pacientes, por saber y no sólo enseñar; también por despertar el interés por las Matemáticas, la Física, la Historia y hasta el Álgebra y la Trigonometría. No se diga la pasión que muchos mentores despiertan en sus discípulos por la literatura, la filosofía, la psicología y ciencias humanas en general. En nuestra memoria hay un personaje inolvidable que supo comunicarnos su entrega entusiasta a una materia del vasto saber humano. Desde la enseñanza de las primeras letras, hasta oficios, artes, profesiones y ciencias, el magisterio de hombres y mujeres impulsa el trabajo y la cultura en el amplio sentido del término. La tarea de enseñar es una institución dinámica y cambiante, conforme evolucionan la sociedad y sus condiciones. Se le considera un apostolado, misión, mística y sin duda tiene mucho de ello.
Como toda actividad humana, muestra sus claroscuros que, sin embargo, no empañan el papel esencial que maestros y maestras cumplen desde el preescolar hasta los posgrados. En la escuela rural del desierto, en la sierra, la escuela de barrio de las grandes ciudades, en los campus universitarios, maestras y maestros son la esencia del avance de un país.
Ya que hoy la docencia estará de plácemes, es pertinente empezar por considerar el origen del Día del Maestro. En 2017 fue el centenario de esta celebración, pues en 1917 el presidente Venustiano Carranza firmó el decreto por el cual se designó la fecha del 15 de mayo para tal propósito, en recuerdo al restablecimiento de la República a manos del presidente Benito Juárez después de derrotar a las fuerzas francesas y derribar el imperio espurio de Maximiliano de Habsurgo, al consumarse el15 de mayo de 1867 la toma de Querétaro por parte del ejército republicano comandado por el general Mariano Escobedo.
La festividad varía de fecha según el país. El Día Mundial del Maestro, instituido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), se celebra el 5 de octubre. La Conferencia Interamericana de Educación de 1943 en Panamá, recomendó celebrar el Día Panamericano del Maestro el 11 de septiembre, por el fallecimiento del educador y presidente argentino, Domingo Faustino Sarmiento.
Un aspecto significativo de las representaciones sociales en torno a la figura del maestro de “primeras letras” –como se conocía a la educación elemental-–, lo constituyen los modales y la presentación personal que ellos se exigían a sí mismos y que los demás les demandaban.
El preceptor de las escuelas de principios del siglo XIX tenía particular cuidado de estos aspectos. Caracterizaba su traje un frac, no negro, sino tenebroso con faldones de movimiento espontáneo, escribió el maestro Guillermo Prieto. Decía el propio poeta y consejero del presidente Juárez, que la falta de reconocimiento social –más bien de un franco desprestigio– fue una de las marcas del oficio que prevaleció muchas décadas después de la Independencia, ante lo cual los profesores y profesoras de la época juarista terminaron con esa “mala impresión”. Era costumbre de los docentes tratarse en público con gran cortesía, creerse situados en la cumbre de la cultura y de los buenos modales.
El siglo pasado registró la paulatina modernización de la escuela rudimentaria y la expansión de las redes escolares, a la vez que incidió en la preocupación por la preparación de los preceptores y en su dignificación social, en la medida en que fueron vistos como una de las piezas clave de los ambientes ilustrados, pues la familia y los poderes civiles depositaron en ellos las posibilidades de la transformación de la sociedad… (Me leen el lunes).
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