Atril: Lo que pasó después del asesinato de Zapata

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Con­forme pasa el tiempo, el atrac­tivo y mis­te­rios de los mitos van de una gene­ra­ción a otra. Esto sucede no sólo por la fuerza y carisma de sus per­so­na­jes y hechos, tam­bién ante la ram­plo­ne­ría polí­tica, la renun­cia de prin­ci­pios e ideo­lo­gías.

El pasado sábado día se cum­plie­ron 107 años del ase­si­nato en Chi­na­meca de Emi­liano Zapata. Sobre la embos­cada de Jesús Gua­jardo y la auto­ría inte­lec­tual de Pablo Gon­zá­lez res­cato algu­nos datos que nutren el mito. Por­que si bien la memo­ria colec­tiva de pue­blos y comu­ni­da­des cam­pe­si­nas guarda a deta­lle este tipo de datos, el con­glo­me­rado urbano y las cla­ses en el poder sue­len arrum­bar­los entre los tre­be­jos de la His­to­ria Patria, para que no estor­ben al prag­ma­tismo poli­ti­quero. Para con­tex­tua­li­zar el ani­ver­sa­rio luc­tuoso, entre muchos otros sus­cep­ti­bles de con­si­de­rar pre­gun­ta­mos: ¿qué suce­dió inme­dia­ta­mente des­pués de la muerte de Zapata con el mando del Ejér­cito Liber­ta­dor del Sur? ¿Y hasta dónde hunde sus raí­ces la tra­di­ción de la con­signa de “tie­rra y liber­tad”?

En los pri­me­ros años luego del ase­si­nato de Emi­liano Zapata, fue rei­te­rado el reclamo de la insu­fi­ciente dis­tri­bu­ción de la tie­rra y, por otra parte, déca­das des­pués el argu­mento ofi­cial con­sis­tió en que “se agotó la Reforma Agra­ria” y hasta desa­pa­re­ció la secre­ta­ría fede­ral que osten­taba tal deno­mi­na­ción. Fue hasta el 28 de sep­tiem­bre de 1920, die­ci­siete meses más tarde de la muerte del Gene­ral, que el gober­na­dor de More­los, José G. Parres, médico del ejér­cito zapa­tista, entregó a los pobla­do­res de Ane­ne­cuilco los títu­los pro­vi­sio­na­les que les daban dere­cho a las tie­rras de las extin­tas hacien­das de Hos­pi­tal y Coauhixtla.

Res­pecto a los man­dos del ejér­cito zapa­tista, el 2 de junio de ese 1920 en el des­file rea­li­zado en la Ciu­dad de México de las fuer­zas obre­go­nis­tas que se alza­ron con­tra el pre­si­dente Carranza con el Plan de Agua Prieta, par­ti­ci­pa­ron fuer­zas zapa­tis­tas de More­los. Los jefes de uno y otro bando subie­ron a los bal­co­nes de Pala­cio Nacio­nal para ver el resto del paso de las tro­pas. El ague­rrido Geno­vevo de la O apa­rece en una foto, con el ceño frun­cido y aga­rrando la cacha de su pis­tola, pues casi junto a él está el autor inte­lec­tual de la muerte del jefe Zapata, Pablo Gon­zá­lez. Eran ya los tiem­pos de los olvi­dos obli­ga­dos de los mutuos agra­vios. De la O tam­bién le hizo ver su suerte y ridi­cu­lizó a Gon­zá­lez volando tre­nes en el norte de More­los, el sur del Dis­trito Fede­ral y embos­cando tiro por viaje a tro­pas de pelo­nes fede­ra­les.

Otro de los aspec­tos que tam­bién se deja de lado a la hora de recor­dar la revo­lu­ción zapa­tista, es la heren­cia indí­gena y ances­tral de esa lucha. El lema de “Tie­rra y Liber­tad” no sólo es una con­signa de lucha y meta social, tam­bién la recu­pe­ra­ción de la tie­rra como la madre pri­mor­dial de todos los sus­ten­tos, según la cos­mo­go­nía náhuatl y de todas las civi­li­za­cio­nes mesoa­me­ri­ca­nas. El mito que se con­vir­tió en ideo­lo­gía es el de Tla­lo­can-Tamoan­cha, como el lugar ideal y la tie­rra que no es pro­pie­dad par­ti­cu­lar y sus fru­tos se repar­ten entre todos los pue­blos, sis­tema que fue abo­lido por la explo­ta­ción feu­dal de la caña de azú­car impuesta por los espa­ño­les.

Desde la expan­sión del terri­to­rio mexica hasta la indus­tria­li­za­ción del cul­tivo y pro­ce­sa­miento de la vara dulce, se man­tuvo la per­sis­ten­cia de la defensa de la tie­rra que sólo se explica por una autén­tica mís­tica por la tie­rra misma. Mito e his­to­ria no se ago­tan, se ali­men­tan al paso del tiempo. Héroe uni­ver­sal, la ideo­lo­gía de Zapata merece here­de­ros entre la gente de hoy que se pon­gan en el mismo plan de intran­si­gen­cia jus­ti­ciera. En el mundo los zapa­tis­tas de antaño man­tie­nen la con­signa: ¡Zapata vive, la lucha sigue!... (Me leen mañana).

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.