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Eche­ve­rría. Pese al des­cré­dito de su ante­ce­sor, a prin­ci­pios de la década de los setenta la figura pre­si­den­cial aún gozaba de buena salud, ade­más, con los pri­me­ros fra­ca­sos en la eco­no­mía y las deva­lua­cio­nes. Qui­zás la mues­tra más pal­pa­ble del auto­ri­ta­rismo de esos tiem­pos resi­día en el lla­mado “dedazo”, como aquel en el que Eche­ve­rría nom­bró de manera más que abierta a su suce­sor, José López Por­ti­llo.

López Por­ti­llo. Es quizá el pre­si­dente de México de quien la gente recuerda con más alu­sio­nes a la fami­lia. Durante su sexe­nio las deva­lua­cio­nes y la infla­ción estu­vie­ron a la orden del día. De remate, en su último año quedó gra­bada para la pos­te­ri­dad su frase en la que pro­me­tió “defen­der al peso como un perro”. Al final, en su último informe sólo le quedó rom­per en llanto. Todo un melo­drama.

De la Madrid. Ade­más de engro­sar la lista de man­da­ta­rios priis­tas, Miguel de la Madrid pasó a la his­to­ria por ser el pri­mer Pre­si­dente en ser inter­pe­lado durante un informe de gobierno. El hecho tuvo lugar en su último año de man­dato y fue res­pal­dado por Cuauh­té­moc Cár­de­nas, entre otros famo­sos que deser­ta­ron del PRI para for­mar la “nueva izquierda” de México.

Sali­nas. A Car­los Sali­nas le corres­pon­dió la pri­mera acu­sa­ción abierta de fraude elec­to­ral, luego de impo­nerse como pre­si­dente en 1988. Logró com­ple­tar su sexe­nio, aun­que no la libró con las inter­pe­la­cio­nes que cada año se vol­vie­ron habi­tua­les en los infor­mes pre­si­den­cia­les. Entre ellas des­taca la del pos­te­rior­mente alcalde de Aca­pulco, Félix Sal­gado Mace­do­nio, quien se plantó durante todo un informe frente a la tri­buna con un cár­tel en el que acusó a Sali­nas de men­ti­roso.

Zedi­llo. Durante la década de los 90, las pro­tes­tas en el acto polí­tico ya habían pasado de ser un pro­to­colo buro­crá­tico a un des­file de des­fi­gu­ros en el que la opo­si­ción no per­día la opor­tu­ni­dad de recla­mar al Eje­cu­tivo sus erro­res. El caso de Ernesto Zedi­llo no fue la excep­ción, y cul­minó una época de albo­ro­tos en el recinto de San Lázaro.

Fox. Con la lle­gada del Par­tido Acción Nacio­nal al poder, Vicente Fox apeló a una nueva estra­te­gia para evi­tar las con­fron­ta­cio­nes o recla­mos por parte del Poder Legis­la­tivo. Su sexto informe lo entregó de manera escrita, sin ocu­par mayor tiempo para leerlo ante la con­cu­rren­cia.

Cal­de­rón. Del informe por escrito a “las escon­di­di­llas”, Felipe Cal­de­rón siguió el modelo de Fox y optó por pre­sen­tar su informe escrito bajo la excusa de agi­li­zar el acto. Para su ter­cer año de man­dato, el figu­rín pre­si­den­cial ni siquiera apa­re­ció en el recinto legis­la­tivo y envió en su lugar al secre­ta­rio de Gober­na­ción.

Peña. El sexto informe ha sido “el Water­loo” de los pre­si­den­tes mexi­ca­nos, pero con tan baja popu­la­ri­dad y des­cré­dito, a Enri­que Peña Nieto se le ade­lantó desde el ter­cero. Sin embargo, no tuvo mayo­res pro­ble­mas: el mexi­quense se dio sus mañas y en Pala­cio Nacio­nal resu­citó el Día del Pre­si­dente, desde luego tele­vi­sado, con esce­na­rio y público “a modo” para exal­tar el autoe­lo­gio y la “auto­crí­tica” –inter­pre­tada como un cinismo ram­plón y que­jum­broso– y la des­crip­ción del “país de las mara­vi­llas” que cada pre­si­dente rein­venta. De cara a al último año de la admi­nis­tra­ción peña­nie­tista y las elec­cio­nes de 2018, el quinto informe nau­fragó en la impo­pu­la­ri­dad… (Me leen mañana).

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Sobre el autor

José Manuel Pérez Durán
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