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Lecum­be­rri. En apre­tado resu­men hay que apun­tar que durante sus 76 años como pri­sión (fue inau­gu­rado por Por­fi­rio Díaz en 1900) hubo dos nota­bles esca­pes. Uno fue el de Alberto Sici­lia Fal­cón, quien huyó a tra­vés de un túnel que cru­zaba la ave­nida Héroes de Naco­zari. El otro fue Dwight Wor­ker, un tra­fi­cante esta­dou­ni­dense de cocaína cuyo caso fue pre­sen­tado por el canal de tele­vi­sión esta­dou­ni­dense Natio­nal Geo­grap­hic. Con la ayuda de su esposa Bar­bara Wor­ker, Dwight escapó el 17 de diciem­bre de 1975 dis­fra­zado de mujer. Des­pués publicó un libro acerca de sus expe­rien­cias titu­lado “Escape”.

Se rumoró que Pan­cho Villa se eva­dió en 1911 del “Pala­cio Negro de Lecum­be­rri”, y en efecto se escapó, pero de la cár­cel de San­tiago Tla­te­lolco, luego de haber sido trans­fe­rido de Lecum­be­rri. Tam­bién se ase­guró sin fun­da­mento que de la ahora sede del Archivo Gene­ral de la Nación se fugó Joel David Kaplan en com­pa­ñía de Car­los Con­tre­ras Cas­tro, quie­nes uti­li­za­ron un heli­cóp­tero para “pelarse” el 18 de agosto de 1971. Pero en rea­li­dad lo hicie­ron de Santa Martha Aca­titla.

Alca­traz. “La Fuga de Alca­traz” es una pelí­cula de sus­penso de 1979 diri­gido por Don Sie­gel y pro­ta­go­ni­zado por Clint East­wood. La cinta está basada en el libro “Escape from Alca­traz”, de J. Camp­bell Bruce. Relata la his­to­ria de Frank Morris (East­wood) y los her­ma­nos John (Fred Ward) y Cla­rence Anglin (Jack Thi­beau), quie­nes tie­nen la dis­tin­ción de ser quizá los úni­cos en haberse esca­pado de la pri­sión de Alca­traz, en la isla del mismo nom­bre, fuera de la bahía de San Fran­cisco, Cali­for­nia. En 1962, Frank Morris y los her­ma­nos John y Cla­rence Anglin pla­nea­ban su escape de “la roca” de Alca­traz. Durante dos años, los inter­nos fabri­ca­ron una balsa con mate­ria­les de dese­cho y crea­ron rudi­men­ta­rios mani­quíes con pelo tomado de la pelu­que­ría de la cár­cel, ponién­do­los en sus camas. Así se esca­pa­ron a tra­vés de un pasa­dizo que habían hecho cavando por tur­nos durante meses. La poli­cía los declaró muer­tos, al no dar con sus para­de­ros y por los artí­cu­los per­so­na­les encon­tra­dos en el mar.

Pis­tola de madera. Esta fuga fue lle­vada a la pan­ta­lla en 2012, con el actor Johnny Deep en el pro­ta­gó­nico. En la década de 1930, en Esta­dos Uni­dos la poli­cía detuvo a un peli­groso ladrón de ban­cos lla­mado John Dillin­ger. Luego de varios esca­pes, el delin­cuente fue enviado a la cár­cel del con­dado de Lake, en Crown Point, Indiana. El 3 de marzo de 1934, Dillin­ger escapó con un arma de juguete hecha de madera enne­gre­cida con betún negro para zapa­tos. Con su pis­tola de juguete fue capaz de enga­ñar a un guar­dia en la aper­tura de su celda. Dillin­ger en su momento fue tan famoso como “El Chapo” por bur­larse de las auto­ri­da­des, aun­que al pare­cer sin sobor­nar a altos fun­cio­na­rios como aquí.

Chile. Sin duda la fuga más espec­ta­cu­lar y recor­dada en el país andino es la de los miem­bros del Frente Patrió­tico Manuel Rodrí­guez (FPMR), en 1996, eva­di­dos de la Cár­cel de Alta Segu­ri­dad en un heli­cóp­tero en sola­mente 58 segun­dos.

Tras un tiro­teo con los

guar­dias, el apa­rato sobre­voló el recinto penal. De los cua­tro fuga­dos, Ricardo Palma y Mau­ri­cio Her­nán­dez eran los más altos jerar­cas del FPMR en pri­sión y esta­ban con­de­na­dos a cadena per­pe­tua por el ase­si­nato del sena­dor Jaime Guz­mán. Los otros dos, Pedro Ortiz y Pablo Muñoz, se halla­ban impli­ca­dos en diver­sos deli­tos. Por cierto: miem­bro tam­bién del FPMR, Ramón Alberto Gue­rra, alias Ramón Alberto Gue­rra Valen­cia o “Coman­dante Emi­lio”, huyó a México y se refu­gió San Miguel Allende, Gto., donde, acu­sado de un secues­tro, fue cap­tu­rado en mayo de 2017.

Arren­dado pre­via­mente con el pre­texto de un viaje turís­tico, el heli­cóp­tero civil se situó volando sobre el patio de la cár­cel y deja­ron caer una red de cuer­das a la que los cua­tro dete­ni­dos se subie­ron rápi­da­mente. La aero­nave ate­rrizó en un par­que del sur de San­tiago de Chile, el comando lo dejó con sus aspas girando y pro­si­guió su fuga en dos vehí­cu­los terres­tres… (Me leen mañana).

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Sobre el autor

José Manuel Pérez Durán
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