Tras la muerte de la joven Dafne en una academia militarizada de Ciudad Madero, Tamaulipas, la Secretaría de Educación Pública ordenó su cierre. Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum respaldó la clausura de las escuelas con modalidad militarizada: “No debe permitirse ningún abuso”, subrayó.
El comentario: lo malo, lo bueno y lo feo sobre la rutina de los alumnos de colegios militarizados.
Levantarse a las cinco de la mañana para bañarse, vestir el uniforme y preparar los que se utilizarán durante la semana: el académico, el de adiestramiento o el deportivo.
Los testimonios de padres y alumnos de escuelas privadas militarizadas coinciden. Estas instituciones operan en Tijuana, Zacatecas, Ciudad Madero, Tuxtla Gutiérrez, Aguascalientes, Durango, Celaya, Tecate, Torreón, Tlaxcala, Altamira y Reynosa:
—Abordaba el transporte escolar para llegar al plantel antes de las 6:45 de la mañana, pues a las siete iniciaban formalmente las actividades. Así comienza el día de un alumno de una escuela militarizada.
—Siempre teníamos que anteponer la palabra “mi”; es decir: mi capitán, mi sargento, mi subteniente. Nos teníamos que dirigir con mucho respeto.
—Los celulares permanecen resguardados.
—El uniforme consistía en pantalón caqui y camisola gris, “como tipo militar”.
—No se imagina la perfección que teníamos que alcanzar para alinear las bancas.
—La llegada era puntual, a las 6:45 de la mañana. Después seguían los honores a la bandera, las clases de formación militar y las materias académicas.
La jornada cerraba con actividad física, que podía ser desde marchar hasta nadar o practicar algún otro deporte, como tropas. —Son los mismos alumnos, que en algunos planteles se llaman cadetes, quienes ayudan a mantener el orden en actividades como las formaciones, el ingreso al comedor y el servicio de cocina. Una compañía de alumnos puede quedar a cargo de apoyar durante la comida. Algunos estudiantes colaboran en la cocina, mientras otros vigilan que el ingreso se realice de manera ordenada. Cuando hay desorden, los alumnos con mayor rango pueden pedir a sus compañeros que permanezcan firmes.
—“¡Firmes ya!” es nuestra voz para quedarnos quietos, para no hacer más cosas.
—Fue una de las mejores opciones. Ahí me lo enderezaron. Sus encargados y tenientes lo tenían vigilado y siempre mantuvieron comunicación constante conmigo.
“Ahí me lo enderezaron”: así es un día en las escuelas militarizadas.
¿Cómo operaban hasta ahora estas instituciones, que tendrán que dejar de ostentarse como “militarizadas” para seguir funcionando?
—Es una escuela normal, nada más que con un poco más de disciplina. Se siguen normas estrictas, particularmente sobre el corte de cabello, el aseo y la presentación personal, además de otras disposiciones que no son comunes en las preparatorias del estado.
Dentro de ellas existen rangos, como cabos, sargentos y capitanes. Son los propios alumnos, llamados cadetes en algunos planteles, quienes ayudan a mantener el orden durante las formaciones, el ingreso al comedor y el servicio de cocina.
“Una compañía de alumnos puede quedar a cargo de apoyar durante la comida.
Algunos estudiantes colaboran en la cocina, mientras otros vigilan que el ingreso se realice de manera ordenada.
Cuando hay desorden, los alumnos con mayor rango pueden pedir a sus compañeros que permanezcan firmes. ‘¡Firmes ya!’. Es nuestra voz para quedarnos quietos, para no hacer más cosas”, explicó una alumna que prefirió omitir su nombre… (Me leen mañana).
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