Atril: La feria que se suspendió y que algún día resurgirá

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La Feria de la Pri­ma­vera tuvo sus ante­ce­den­tes hacia media­dos del siglo pasado. Comenzó lla­mán­dose Feria de la Bugam­bi­lia y luego De la Flor; tuvo sedes en el Jar­dín Borda y en el Par­que Revo­lu­ción. Antes hubo el Car­na­val de Cuer­na­vaca, apo­yada su orga­ni­za­ción a par­tir de 1965 por los suce­si­vos alcal­des Valen­tín López Gon­zá­lez (1964-1966), Felipe Rivera Crespo (1967-1969) y Ramón Her­nán­dez Nava­rro (1970-1973). En el siguiente trie­nio se sus­pen­dió el car­na­val y sólo quedó la Feria de la Flor.

En rea­li­dad, el Car­na­val de Cuer­na­vaca no llegó, ni por asomo, a con­ver­tirse en una tra­di­ción, apa­gado el entu­siasmo ini­cial de los comi­tés ciu­da­da­nos que se encar­ga­ron de su pre­pa­ra­ción. La idea era inten­tar poner a la Feria de Cuer­na­vaca a la altura de otras, como la de San Mar­cos o la Del Caba­llo, una meta impo­si­ble de alcan­zar. A duras penas sobre­vi­vió la Feria de la Flor, con algún repunte en las admi­nis­tra­cio­nes muni­ci­pa­les a cargo de David Jimé­nez Gon­zá­lez (74-76), Por­fi­rio Flo­res Ayala (76-79) y José Cas­ti­llo Pombo (79-82), bajo los gobier­nos esta­ta­les de Felipe Rivera Crespo (70-76) y Armando León Beja­rano (76-82).

Entre 1982 y 1988, en la admi­nis­tra­ción del gober­na­dor Lauro Ortega Mar­tí­nez la Feria de la Flor aga­rró un nuevo aire por el res­paldo que le dio don Lauro, aun­que no tanto como él hubiese deseado durante los tres pri­me­ros años de su man­dato, ya que el alcalde del trie­nio 82-85 y el ex rec­tor de la Uni­ver­si­dad Autó­noma del Estado de More­los, Ser­gio Figue­roa Cam­pos, pare­ció poco dado a la fiesta de la gente. Con la lle­gada de Juan Sal­gado Brito a la alcal­día de Cuer­na­vaca la Feria de la Flor tuvo un cierto empuje, y sedes alter­nas en el Par­que Cha­pul­te­pec, el Jar­dín Borda, el Par­que Mel­chor Ocampo y el Zócalo. Fue­ron invi­ta­dos para par­ti­ci­par vive­ris­tas de otros muni­ci­pios como Jiu­te­pec, Zapata y Temixco, y aque­llo comenzó a pare­cer arrai­garse para lle­gar a ser una feria de alcance nacio­nal. Pero no cuajó.

Vinie­ron luego los pri­me­ros años de la reforma polí­ti­coe­lec­to­ral, impul­sada por la pre­sión de los par­ti­dos media­nos y chi­cos para con­tra­rres­tar la hege­mo­nía del PRI, ya en el gobierno del priista Anto­nio Riva Pala­cio (88-94), lo cual pro­pi­ció, entre otras con­se­cuen­cias polí­ti­cas, que de 1988 a 1991 Cuer­na­vaca tuviera hasta tres alcal­des: Eloísa Gua­da­rrama, Julio Mitre Goraieb y Ser­gio Estrada Caji­gal Barrera. Vai­ve­nes polí­ti­cos por los que la Feria de la Flo­res resin­tió un “bajón” y per­diera lo poco alcan­zado en épo­cas ante­rio­res, por un decai­miento que no levantó el trie­nio de Oscar Luis Flo­res Ruíz.

Fue hasta la lle­gada del más, o el único polí­tico caris­má­tico del PRI, Alfonso San­do­val Camu­ñas, que la Feria de Cuer­na­vaca aga­rró un segundo aire, a lo cual ayudó el carisma del pro­pio alcalde vecino de La Cor­do­besa, frente al calle­jón Vic­to­ria. “Pon­cho”, como le lla­maba casi todo Cuer­na­vaca, ubicó el esce­na­rio de la feria en el anti­guo Hotel Casino de la Selva, y la fiesta capi­ta­lina se salvó de la extin­ción al menos por el trie­nio 1994-97.

Vino otro inte­ri­nato al frente de la comuna cuer­na­va­cense, esta vez a cargo de Sara Oli­via Parra Téllez, en 1997, y des­pués el pri­mer gobierno no priista en siete déca­das, el del panista Ser­gio Estrada Caji­gal, al que suce­die­ron las admi­nis­tra­cio­nes, tam­bién del PAN, de Raúl Her­nán­dez Ávila, Adrián Rivera Pérez y Jesús Giles Sán­chez, la des­pués tris­te­mente famosa “docena trá­gica” con más penas que acier­tos, entre otras, la desig­na­ción del Recinto Ferial de Aca­pant­zingo que causó los recla­mos de eji­da­ta­rios del lugar debi­dos a la falta del pago por las tie­rras ocu­pa­das.

Y, bueno, la Feria de Cuer­na­vaca fue punto de refe­ren­cia para pro­pios y extra­ños, pero no hay que olvi­dar que en Cuer­na­vaca exis­ten doce pue­blos: Buena Vista del Monte, Tetela del Monte, Santa María, Cha­milpa, Oco­te­pec, Ahua­te­pec, Cha­pul­te­pec, Aca­pant­zingo, San Juan Cha­pul­te­pec, Tlal­te­nango, Chi­pit­lán y Ama­tit­lán, y que estas comu­ni­da­des cele­bran sus res­pec­ti­vas fies­tas patro­na­les. Lo hacen con gran entu­siasmo, e incluso a veces par­ti­ci­pan habi­tan­tes de otros esta­dos y paí­ses. No todo fue la Feria de Cuer­na­vaca. Digo “fue” por­que en 2018 no hubo y este año tam­poco… (Me leen mañana).

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.