Señalado como el principal responsable de las masacres de estudiantes del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco y del 10 de junio de 1971 en calles de la Ciudad de México, Luis Echeverría Álvarez está en la historia del México moderno como el multi asesino que la madrugada del sábado anterior falleció en su casa de Cuernavaca.
¿Cómo vivió Morelos la “guerra sucia” y las secuelas del echeverriato? A fines de 1977, la ciudadana norteamericana Sara Davis fue secuestrada por un comando de lo poco que quedaba del grupo de Carmelo Cortés. La “gringa” era la esposa del accionista principal de la empresa que construyó el fraccionamiento Bello Horizonte. Mediante un operativo de policías locales y federales coordinado por Miguel Nassar Haro, director de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), fue rescatada en una casa de seguridad del fraccionamiento Lomas de Cocoyoc. La residencia era rentada por una familia de apellido Catalán en 2,800 pesos diarios.
Meses antes, había sido secuestrado el industrial Manuel Mariscal Abascal, padre de la años más tarde diputada local Claudia Mariscal Vega. El autor intelectual del plagio fue su chofer, Rómulo Leyva, quien sería detenido en Bello Horizonte. El desenlace de este secuestro llevó a la solución del caso del empresario Claudio Quintana, de Yautepec. Días después del operativo de Bello Horizonte, los policías irrumpieron en Las Tetillas, rescatando a Quintana.
Proveedor de recursos para la guerrilla de Lucio Cabañas que obtenía por medio del secuestro y asaltos a bancos, Carmelo Cortés había caído meses antes, en un enfrentamiento con policías federales, de la Preventiva y la Judicial del Estado en Las Tetillas de Yautepec. Horas antes, al frente de un puñado de guerrilleros Carmelo había asaltado la sucursal la Selva, de Banamex. El “bancazo” fue memorable, porque era el primero en la Cuernavaca tranquila de entonces y por la persecución de los delincuentes que se extendió a gran parte de la ciudad y fue presenciada por vecinos azorados que no daban crédito a lo que veían. En la “corretiza” y el enfrentamiento a balazos que culminaron con la detención de unos guerrilleros y la muerte de Cortés, participaron elementos de la Policía Judicial Federal y la Preventiva, como el primer y el segundo comandantes Jorge García e Ignacio Mora y el jefe de ayudantes de la Dirección de Seguridad Pública, Isidro Landa Mendoza. Y por parte de la Judicial del Estado, el comandante Roberto Quintero Veyra, quien un año más tarde sería agente de la DFS con Rafael Aguilar Guajardo, el mismo que posteriormente fundaría el cártel de Juárez cuyo liderazgo heredaría Amado Carrillo Fuentes “El Señor de los Cielos”.
Miguel Nassar Haro nunca se imaginó preso, estaba seguro de que jamás pisaría la cárcel en calidad de indiciado. Dicen que dijo a los policías de la Agencia Federal de Investigaciones, cuando lo aprehendieron en febrero de 2004: “Mejor mátenme, comandante. Esto es injusto. Me desilusiona que yo haya dado toda mi vida a la nación y a la patria y me hagan esto”.
Vientos diferentes a los de la época de la “guerra sucia” empujaron al penal de Topo Chico al ex director de la DFS. Enfermo y viejo, Nassar enfrentó el inicio de un largo proceso por la desaparición del hijo de Rosario Ibarra viuda de Piedra. Una orden de aprehensión girada por un juez mexiquense le remachó la puerta de la prisión…
Increíblemente, en Cuernavaca aún hay personas “de la mejor sociedad” que alaban la memoria de Luis Echeverría… (Me leen mañana).
POR: José Manuel Pérez Durán
