Persiste la misma discriminación desde que Cristóbal Colón puso pie en la playa de la isla Guaraní, el 12 de octubre de 1492 que llegó a lo que hoy conocemos como América y desembarcar en la isla de Guanahaní, a la cual bautizó con el nombre de San Salvador.
El 12 de octubre en México ya no se celebra oficialmente como el “Día de la Raza”, pues fue sustituido por el “Día de la Nación Pluricultural”.
Del “descubrimiento” a “encuentro de dos mundos” y de “evangelización” a “genocidio”, son los extremos entre los cuales quedó en el olvido la tradicional y acartonada celebración del Día de la Raza. El lunes anterior fue evocada la llegada de los europeos al Nuevo Mundo, gracias a la terquedad de un navegante italiano y a la visión de la reina castellana. Una “celebración” que se convirtió en recordatorio para todas las naciones indígenas del continente americano, sobrevivientes del descubrimiento y posterior colonización. Como ya apunté, el 12 de octubre en México ya no se celebra oficialmente como el “Día de la Raza”; fue sustituido por el Día de la Nación Pluricultural
En materia del extinto Día de la Raza, los extremos reflejan la evolución del concepto del “encuentro de dos mundos” –como se le denominó oficialmente al quinto centenario del traumático choque de la civilización europea– con las civilizaciones originarias de este continente. Los contrastes van del exterminio y la esclavitud a que fueron sometidos los pueblos conquistados, a la resistencia por generaciones de pueblos indígenas, hasta las consecutivas rebeliones durante los 300 años de dominación. En México vino después la abolición de la esclavitud del insurgente Miguel Hidalgo y la declaración de la igualdad ante la ley, sin importar raza y condición social, de los Sentimientos de la Nación del generalísimo Morelos.
Las leyes de Reforma del presidente Benito Juárez – siendo él mismo indígena– sacaron del atraso ancestral a los pueblos originarios de México. En la reivindicación de “lo indígena” entra la esencia del Plan de Ayala: “la tierra es para quien la trabaja con sus manos”, es decir, para las manos de las comunidades indígenas, pues la ideología zapatista tiene raíces en la noción de la propiedad colectiva de la tierra, llamada en náhuatl “calpulli” y conocida con el reparto agrario como ejido.
Dentro del recuento de las expresiones de la lucha indígena, en el contexto del Día de la Raza convertido a partir de 1992 en el Día de la Resistencia Indígena, se inscribió el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en 1994, y en Morelos el decreto para la creación de los cuatro primeros municipios indígenas: Tetelcingo, Xoxocotla, Hueyapan y Coatetelco…
Desde los primeros días del descubrimiento de América hubo ordenanzas de protección a los indígenas, pero al igual que leyes posteriores fueron letra muerta.
Además, la postura tradicional a favor de la celebración del “encuentro entre dos mundos” menciona la prohibición del maltrato y la esclavitud indígena, decretada por la Corona de Castilla en 1512. Las distintas posturas han creado un debate sobre el contenido de la celebración en toda Latinoamérica. De forma oficial en la mayoría se sigue celebrando como “Día de la Hispanidad” o “Día de la Raza”, alusivo a la raza o cultura hispanoamericana que surgió en el siglo XVI, lo cual es inaceptable para sus detractores que más bien le llaman “choque” y “genocidio”.
Por eso han surgido iniciativas como el derecho de los pueblos indígenas a la educación, protegido por la Declaración de la Organización de las Naciones Unidas. La norma dice: “Los pueblos indígenas tienen derecho a establecer y controlar sus sistemas e instituciones docentes que impartan educación en sus propios idiomas, en consonancia con sus métodos culturales de enseñanza y aprendizaje”. La prerrogativa de los pueblos indígenas a la educación también está protegida por la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Sin embargo, a pesar de lo dispuesto en estos instrumentos la mayoría de los pueblos indígenas no pueden ejercer plenamente el derecho a la educación, y existen graves disparidades en esta materia entre los pueblos indígenas y la población en general, empezando porque su falta de autonomía les restringe el acceso a recursos propios, la cual es una de las exigencias para crear alcaldías indígenas… (Me leen mañana).
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