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Sep­tiem­bre, octu­bre y noviem­bre son meses emble­má­ti­cos por las fies­tas patrias, días de muer­tos y la Revo­lu­ción Mexi­cana. Fes­ti­vi­da­des cívi­cas y tra­di­cio­na­les cuyos per­so­na­jes for­man parte del lla­mado “patri­mo­nio intan­gi­ble” e his­tó­rico del país.

En México la prác­tica y ense­ñanza del civismo ha pasado por muchas trans­for­ma­cio­nes. Más atrás, hace ocho déca­das, en tiem­pos de la reforma edu­ca­tiva de Jaime Torres Bodet (1943-1964), los maes­tros de pri­ma­ria ense­ña­ban en esta mate­ria nor­mas de urba­ni­dad y fomen­ta­ban la dis­ci­plina esco­lar. Como no había libros de texto espe­cia­les de Civismo, los docen­tes usa­ban manua­les de “bue­nas cos­tum­bres y urba­ni­dad”.

El Civismo tuvo muchos nom­bres: Edu­ca­ción para el amor, Edu­ca­ción para el ciu­da­dano, Cono­ci­miento de las leyes, Cono­ci­miento de la Patria, pero en rea­li­dad –según algu­nos detrac­to­res– ser­vía “para repri­mir los impul­sos de la per­sona en bien de la civi­li­dad”.

Frente a las pre­sio­nes de gru­pos con­ser­va­do­res, como la Unión Nacio­nal de Padres de Fami­lia que pelea­ron por una mate­ria de reli­gión en las escue­las públi­cas para que los niños apren­die­ran “valo­res”, los gobier­nos priis­tas opta­ron por “hacer como que la vir­gen les hablaba” y le res­ta­ron impor­tan­cia a esta asig­na­tura.

A prin­ci­pios de los setenta, el enton­ces pre­si­dente Luis Eche­ve­rría hizo una reforma edu­ca­tiva radi­cal. Desa­pa­re­ció las asig­na­tu­ras de Geo­me­tría y Arit­mé­tica, Gra­má­tica y Sin­ta­xis, Física y Quí­mica, His­to­ria y Civismo, y creó cua­tro áreas del cono­ci­miento: Mate­má­ti­cas, Espa­ñol, Cien­cias Natu­ra­les y Cien­cias Socia­les, eli­mi­nando de plano el Civismo del pro­grama de estu­dios.

Durante los siguien­tes veinte años, las cla­ses de Civismo fue­ron sus­ti­tui­das por los “ritua­les de la escuela”: Hono­res a la ban­dera, fes­ti­vi­da­des cívi­cas, dis­ci­plina esco­lar y de “bue­nos hábi­tos”, com­ple­men­ta­das con temas de cajón como la Cons­ti­tu­ción Polí­tica. Así el Civismo se redujo a que los esco­la­res reci­ta­ran de memo­ria artí­cu­los cons­ti­tu­cio­na­les, apren­die­ran “bue­nas cos­tum­bres” y lle­va­ran el uni­forme lim­pio. Pun­tua­li­dad y guar­dar silen­cio en clase eran “reglas de oro” en los tiem­pos en que maes­tras y maes­tros tenían un amplio reper­to­rio de “depor­tes” para los alum­nos “mal por­ta­dos”: afi­nar la pun­te­ría con el lan­za­miento del gis o el borra­dor, alza­miento de pati­llas, regla­zos en dorso o pal­mas de las manos y en las pier­nas, una o dos horas de pie a medio patio bajo el rayo de sol y tareas para lle­var a casa cen­te­na­res de pla­nas con fra­ses como “no debo decir lepe­ra­das en clase”, entre muchas otras.

Los alum­nos de aquel pre­té­rito apren­dían una doble moral. Por sus libros de texto sabían que tenían dere­chos, pero en el salón se encon­tra­ban con pro­fe­so­ras y pro­fe­so­res, direc­ti­vos y auto­ri­da­des de ofi­cina tan repre­so­res como vio­la­to­rios de los dere­chos uni­ver­sa­les de los niños. Ejem­plo: se les podía ense­ñar que Hidalgo y More­los lucha­ron con­tra el “yugo espa­ñol”, pero el alumno no podía recla­mar por la dureza y pre­po­ten­cia del maes­tro, y de la misma manera éste no podía recla­mar la rigi­dez de direc­to­res y fun­cio­na­rios del sec­tor edu­ca­tivo. Por ponerlo en pers­pec­tiva, la vál­vula de escape a aquel sis­tema repre­sivo fue el movi­miento del 1968.

En la “docena trá­gica” Fox­Cal­de­rón los panis­tas de ultra­de­re­cha se die­ron vuelo; el tema domi­nante que sus­ti­tuyó al Civismo fue­ron los “valo­res”, por supuesto, de la moral cató­lica. El asunto de la demo­cra­cia apa­re­ció poco, y borrado el de la iden­ti­dad nacio­nal de aque­lla vieja idea de que “todos somos mexi­ca­nos, hay indí­ge­nas y no exis­ten dife­ren­cias”. Des­de­ña­ron

el pasado indí­gena y la his­to­ria de las civi­li­za­cio­nes mesoa­me­ri­ca­nas. Un desas­tre. Para aca­barla de amo­lar, los libros de texto mini­mi­za­ron, otra vez, el tema de los dere­chos huma­nos. Entre 2000 y 2012, el estu­diante apren­dió que sus dere­chos son polí­ti­cos, sin con­si­de­rar que tam­bién tiene dere­chos eco­nó­mi­cos, socia­les, cul­tu­ra­les y sexua­les.

En dere­chos huma­nos no se creó libro de texto alguno con la inten­ción de que sus con­te­ni­dos se revi­sa­ran en todas las mate­rias, y que el Civismo se apren­diera más por expe­rien­cia dia­ria que por teo­ría. Afor­tu­na­da­mente, este pro­pó­sito panista fra­casó por­que, para variar, los maes­tros no reci­bie­ron capa­ci­ta­ción para apli­car seme­jante modelo.

Y lle­ga­mos al ciclo esco­lar, sabo­tea­dos los libros de texto gra­tui­tos por gobier­nos de Jalisco, Coahuila, Gua­na­juato y Chihuahua. De cara a las elec­cio­nes de 2024, la dere­cha dio pata­das de aho­gado. Empre­sas encues­ta­do­ras, incluso muy con­ser­va­do­ras, admi­tie­ron que la izquierda reten­dría la Pre­si­den­cia de la Repú­blica, con­ser­va­ría la mayo­ría del Con­greso de la Unión y al menos gana­ría seis de las nueve guber­na­tu­ras en juego, incluida la Ciu­dad de México… (Me leen mañana).

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Sobre el autor

José Manuel Pérez Durán
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