En el centro de Cuernavaca había, o hay aún, algunas cantinas antiguas: El Danubio Azul, en Leandro Valle esquina con Matamoros; La Estrella, en Matamoros, y La Suriana, en Galeana esquina con Mariano Abasolo. La cantina Los Canarios, conocido como Los Caldos, se hallaba en la bajada de Galeana, antes de llegar a la glorieta del Niño Artillero. Hasta hace algunos años ninguna mujer que no fuera fichera, cocinera o mesera podía poner un pie en ese considerado como “territorio sagrado” de los hombres”, pero la demanda de las consumidoras obligó a los dueños de esos negocios a darles servicio, de modo que dejó de ser raro ver a féminas en esos sitios...
En la Ciudad de México la historia registra al menos una docena de cantinas antiquísimas que siguen abiertas, algunas con más de un siglo sirviendo en la misma barra. Desde el Salón España y su histórica licencia número dos hasta La Faena, El Sella y La Dominica sobrevivieron revoluciones, terremotos, cambios de barrio y décadas de transformación sin perder la esencia de las cantinas mexicanas de antes. Las más emblemáticas y antiguas de la Ciudad de México se concentran en el
Centro Histórico y atesoran más de un siglo de historia, arquitectura tradicional y el clásico servicio de botana. En las cantinas del porfiriato, basadas en normas de género, machismo y la justificación de que “no había sanitarios para ellas”, durante décadas la entrada a las mujeres estuvo vetada en las cantinas de la capital de México. Esta prohibición terminó por ley el 28 de febrero de 1981, abriéndose espacios mixtos en establecimientos emblemáticos.
En Fresnillo, Zacatecas, el periódico “Imagen” ofrece este texto cargado de tradición: Un bar lleno de historia y arte, la Casa Verde. Todo empezó el año de 1944, cuando Aurelio Ibarra inició con el bar Casa Verde. Todos los pueblos y ciudades tienen sus bares representativos, esos sitios a los que uno debe ir al menos una vez en su vida. Este es el caso de la Casa Verde, un lugar que tiene su historia.
Hoy este espacio está cerrado temporalmente, pero vale la pena recordar de dónde viene, todos los años de historia que tiene y para ello tenemos que remontarnos al año de 1944, cuando Aurelio Ibarra inició con el bar Casa Verde. Este lugar es único, y es que en él se combinan no sólo el consumo de bebidas, sino (también) arte y fotografías que se exponen en dicho espacio para los visitantes. Han pasado 78 años desde su apertura en (la ciudad de) Zacatecas y tiempo después se mudaron a Fresnillo, donde se ha tornado un punto tradicional con el paso de las generaciones. Con el paso de los años, su familia se fue sumando a este proyecto, en el que acercan arte a través de 80 pinturas y más de 2 mil fotografías que se exponen en el negocio. Cristy Ibarra junto a sus hermanos Juan Francisco,
Marco Aurelio y Alejandro ayudan en el bar para mantener viva la tradición familiar y continuar con la opción para sus clientes. Cristy detalló que cada martes brindan a quienes los visitan caldo de rata (rata silvestre, no de caño), que aseguraron ayuda a diversas enfermedades y es de los más solicitados por los que acuden. (La rata silvestre o de campo (género Neotoma, como la rata nopalera o de dientes blancos, es un roedor autóctono de las zonas áridas y semiáridas de Zacatecas, famoso por su uso tradicional en la gastronomía local). Explicó que se cuenta con una bebida en honor a Tomás Méndez (el compositor de “Cucurrucucú paloma”, “Huapango torero” y “Gorrioncillo pecho amarillo”, entre otras muchas canciones) y diferentes aperitivos. Comienzan a trabajar a las 10 de la mañana hasta media noche… (Me leen el lunes).
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