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Atril: Asesinos que viajan en motocicleta

Va el auto­mo­vi­lista mane­jando y para en el semá­foro; ve de reojo que se le empa­reja una moto­ci­cleta. No vol­tea, teme que sean unos delin­cuen­tes, así que pone las manos en el volante y sólo las retira para tomar el celu­lar o sacar un ciga­rro. Espera a que prenda el verde del “siga”, quita el freno y avanza len­ta­mente. Más ade­lante ve un retén. Piensa: lo mismo pue­den ser mili­ta­res que malan­dros dis­fra­za­dos de poli­cías fede­ra­les apo­ya­dos por seudo poli­cías esta­ta­les y muni­ci­pa­les. Debe dis­mi­nuir la velo­ci­dad.

Cues­tión de suerte; antes sólo para­ban vehí­cu­los en los que iban dos o más hom­bres, y ahora paran hasta auto­mó­vi­les con seño­ras y niños. Orde­nan que baje del coche, que abra la cajuela, que no se resista. Si tiene suerte y le toca un poli­cía de bue­nos moda­les, le expli­cará que es un punto de revi­sión para su segu­ri­dad. Pero no podrá evi­tar que le revuel­van el coche. Bus­ca­rán en la cajuela, abajo y arriba de los asien­tos y en las por­te­zue­las. Usted arranca, pero debe ale­jarse len­ta­mente, y no se enoje si más ade­lante topa con otro retén; no diga que ya lo revi­sa­ron.

El que nada debe, nada teme. En México hace tiempo que los cha­le­cos debe­rían ser obli­ga­to­rios para los moto­ci­clis­tas, con las letras y el número de la placa impre­sos en la espalda, gran­des y lumi­no­sos para una iden­ti­fi­ca­ción ins­tan­tá­nea…

Repu­tada como la “madrina de la cocaína” y cono­cida por su san­griento estilo de ven­garse, en el Miami de los setenta y ochenta Gri­selda Blanco usaba pis­to­le­ros en moto­ci­cleta. Con­si­de­rada la “inven­tora” de este método, en 2004 salió de pri­sión, fue depor­tada a Colom­bia y se ins­taló en Mede­llín, donde fue eje­cu­tada por ase­si­nos que se des­pla­za­ban… en una moto­ci­cleta. En la Colom­bia de Pablo Esco­bar Gavi­ria la moto­ci­cleta fue el vehí­culo pre­fe­rido de los sica­rios. Y hoy lo es en México y en otros paí­ses. Los sica­rios son jóve­nes, fri­san los veinte y sue­len ase­si­nar mon­ta­dos en moto­ci­cle­tas.

Esco­bar, quien en diciem­bre de 1993 sería aba­tido por el lla­mado Blo­que de Bús­queda com­puesto por 5,000 mili­ta­res y poli­cías, usaba un ejér­cito de sica­rios en moto. En las déca­das de los 80 y 90, los sica­rios come­tie­ron unos 8 mil homi­ci­dios cada año, uti­li­zando la moto­ci­cleta como medio de trans­porte. Esco­bar usó un ejér­cito de sica­rios en moto­ci­cleta que causó miles de muer­tos, prin­ci­pal­mente en Mede­llín y Bogotá. Ante esa ola de vio­len­cia, el gobierno colom­biano prohi­bió que dos per­so­nas via­jen en una moto­ci­cleta, y res­trin­gió la cir­cu­la­ción de estos vehí­cu­los en algu­nas zonas y en deter­mi­na­dos hora­rios. Tam­bién ordenó que los moto­ci­clis­tas por­ten el número de la matrí­cula en el cha­leco y en el casco...

En México la expan­sión del fenó­meno de los homi­ci­das que via­jan en moto­ci­cleta se ha con­so­li­dado como una herra­mienta común en ase­si­na­tos por encargo. En los últi­mos años, la figura cri­mi­nal de los deno­mi­na­dos moto­si­ca­rios ha sido una cons­tante en las calles de México. Este fenó­meno ha cre­cido y es sofis­ti­cado; son nume­ro­sos los casos que evi­den­cian la bru­ta­li­dad del método y la difi­cul­tad de las auto­ri­da­des para con­te­ner la ola de vio­len­cia que azota al país.

Se des­pla­zan en pare­jas, el con­duc­tor y el matón se ponen a un lado de su obje­tivo, el sica­rio le dis­para, huyen rápi­da­mente y rara vez son atra­pa­dos.

Entre otros muchos está el caso del ase­si­nato del abo­gado David Cohen Sacal, regis­trado en las cer­ca­nías del Poder Judi­cial de la Ciu­dad de México… (Me leen mañana).

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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JPerez
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