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La his­to­ria suele repe­tirse. En marzo de 2024 murie­ron dos reos y un cus­to­dio que evitó una fuga en el penal de Atla­cho­lohaya. Los nego­cios millo­na­rios han carac­te­ri­zado a todo cen­tro de reclu­sión. En octu­bre, tam­bién de 2024, se enfren­ta­ron cus­to­dios e inter­nos del dor­mi­to­rio “B”. Fue­ron lesio­na­dos tres reos y lle­va­dos de urgen­cia al hos­pi­tal gene­ral José G. Parres.

El pro­blema desen­ca­denó la des­ti­tu­ción del direc­tor ope­ra­tivo Jesús Fran­cisco Flo­res Jimé­nez. Pasa­das las cinco de la tarde comenzó a cir­cu­lar el rumor de un intento de motín, lo que con­firmó el informe ofi­cial de que los inter­nos exi­gían la salida de Fran­cisco Flo­res alias “Paco”. En redes socia­les fue­ron trans­mi­ti­dos videos de los momen­tos en que se escu­cha­ron dis­pa­ros.

Hubo dos ver­sio­nes: una, que fue evi­tado un motín en el área feme­nil debido al cam­bio de la empresa que sumi­nis­traba los ali­men­tos, lo cual con­firmó la exis­ten­cia de uno de los nego­cios peni­ten­cia­rios, y una más sobre la incon­for­mi­dad sur­gida a raíz de que los inter­nos fue­ron infor­ma­dos de que comen­za­rían los tras­la­dos a la nueva pri­sión ubi­cada en el Paseo Cuauh­náhuac, lo que afec­ta­ría otro de los nego­cios de corrup­ción en Atla­cho­lohaya.

Com­pa­rado el penal de Atla­cho­lohaya con la Peni­ten­cia­ria de Atla­co­mulco, que fue cerrada en el año 2000, ésta se antoja un jar­dín de niños. Las riñas con sal­dos mor­ta­les fue­ron comu­nes en el mal lla­mado Cere­so­Mo­re­los, rei­te­ra­das las men­ti­ras dis­fra­za­das con datos con­fu­sos. Fue el caso del intento de fuga de un jue­ves de marzo de 2020, cuando murie­ron dos reos y un cus­to­dio. Ini­cial­mente la auto­ri­dad negó la ver­sión de que dos pre­sos logra­ron huir. Se hicie­ron evi­den­tes las inca­pa­ci­da­des y el móvil eco­nó­mico por los nego­cios intra­mu­ros que carac­te­ri­zan a todo cen­tro de reclu­sión. El inci­dente fue “solu­cio­nado” sin hacer cam­bios de fun­cio­na­rios en el área de rea­dap­ta­ción social…

Antes de Par­que Eco­ló­gico San Miguel Aca­pant­zingo, durante siete déca­das fue la Peni­ten­cia­ría de Atla­co­mulco popu­lar­mente lla­mada “La Peni”. Era la cár­cel más grande de More­los.

El por­tón de la entrada daba a la ave­nida Atla­co­mulco, alto como el muro peri­me­tral que alber­gaba a cul­pa­bles e ino­cen­tes que com­par­tían sue­ños de feli­ci­dad, pro­pó­si­tos de reden­ción y ansias de liber­tad que algu­nos con­si­guie­ron huyendo. Fue el caso de un gue­rre­rense lla­mado Pedro Bello Jara­mi­llo, cuya espe­cia­li­dad era el robo a esta­ble­ci­mien­tos comer­cia­les. Se dijo que durante meses cavó un túnel desde su celda, apun­ta­lando el corre­dor sub­te­rrá­neo con tablas de unos treinta cen­tí­me­tros que obte­nía subrep­ti­cia­mente en la car­pin­te­ría del penal.

Daba lar­gas cami­na­tas en el patio, espar­ciendo puños de tie­rra que sacaba de los bol­si­llos del pan­ta­lón. Apro­ve­chó una tarde que llo­vía a cán­ta­ros para escu­rrirse, arras­trán­dose panza abajo hasta alcan­zar la liber­tad, saliendo por un “boquete” pegado a la barda del lado Este, al que tapó con una pie­dra para que no fuera visto por los veci­nos que pasa­ban cami­nando rumbo a las vecin­da­des de la zona. Pedro acabó muerto en una ciu­dad del Bajío, aba­tido por un modesto poli­cía de barrio al que se le hizo sos­pe­choso y le ganó el saque de la pis­tola, dis­pa­rán­dole antes de que el delin­cuente pudiera reac­cio­nar…

Entre las diez eva­sio­nes de las pri­sio­nes más famo­sas están la de Jhon Dillin­ger, las fugas de Pas­cal Payet y el caso de la cár­cel de Alca­traz, “La Roca” que, ubi­cada en la bahía de San Fran­cisco, pasó de ser una for­ta­leza mili­tar espa­ñola a una de las pri­sio­nes fede­ra­les más inex­pug­na­bles de Esta­dos Uni­dos. Entre 1934 y 1963, albergó a cri­mi­na­les peli­gro­sos como Al Capone antes de cerrar por sus ele­va­dos cos­tos ope­ra­ti­vos…

La famosa novela auto­bio­grá­fica de Henri Charrière se titula Papi­llon. En 1931 fue con­de­nado a tra­ba­jos for­za­dos en la Gua­yana Fran­cesa por un ase­si­nato que siem­pre negó haber come­tido. Tras años de inten­tos, logró esca­par y recons­truir su vida en Vene­zuela. Más cono­cido como Papi­llon, Henri Charrière fue un escri­tor, marino y preso fran­cés nacio­na­li­zado vene­zo­lano, acu­sado de un cri­men que no come­tió y sen­ten­ciado a tra­ba­jos for­za­dos a per­pe­tui­dad en las colo­nias fran­ce­sas… (Me leen mañana).

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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JPerez
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