El centrocampista galés Aaron Ramsey dejó el club Pumas UNAM del fútbol mexicano apenas unos meses después de llegar, luego de que su perrita “Halo” se extraviara en el estado de Guanajuato, situación que contribuyó a que prácticamente abandonara los entrenamientos y el país.
Ramsey había firmado con los universitarios en julio de 2025 para el torneo Apertura, siendo su fichaje uno de los más relevantes del mercado. Sin embargo, sólo disputó seis partidos y marcó un gol antes de sufrir una lesión muscular que lo dejó fuera de actividad. El 13 de octubre anunció que su beagle blanco con manchas café se había perdido en San Miguel de Allende. Desde entonces ofreció recompensas, contrató rastreadores y empleó drones en su búsqueda.
Tras la desaparición del animal y la ausencia del jugador en los entrenamientos del 26 y 27 de octubre, el club aplicó la cláusula de abandono de trabajo. Ramsey reportó que ya no estaba en México, por lo que ambas partes acordaron la rescisión del contrato.
Este episodio, donde lo personal y lo profesional confluyeron de manera compleja, marca un final abrupto a su etapa mexicana y plantea interrogantes sobre los desafíos fuera del campo que pueden afectar el rendimiento de los futbolistas internacionales.