La Liguilla del balompié mexicano cuenta con muchos detractores: que es muy injusta, que es otro torneo, que las arañas; lo cierto es que la gran fiesta nos permite gozar de partidos de alto kilo voltaje, cargados de dramatismo, pasión, entrega, rivalidad e historia, que hacen la delicia de los aficionados a nuestro querido deporte. Y las Semifinales no fueron la excepción.

Con el permiso de ustedes, estimados lectores, me gustaría referirme en esta ocasión a la serie protagonizada por las águilas del América en contra de los Pumas de la UNAM.

El partido de ida estuvo parejo, incluso la primera parte del duelo de vuelta; sin embargo, en el segundo tiempo la noche se le vino encima a la escuadra estudiantil, hasta el colmo de ser humillados al son de seis goles por uno.

En mi opinión, resultó altamente meritorio que el equipo representativo de nuestra máxima casa de estudios hiciera la hombrada de llegar hasta esta instancia, tomando en cuenta que, prácticamente en todos los partidos, “alineó” al argentino Víctor Malcorra, lo que equivale a jugar con diez elementos, contra once adversarios… y “un traidor”.

¿No habrá en toda la UNAM un futbolista igual de malo que él? Digo, no lo quiero mejor; pero, siquiera: joven, canterano y mexicano.

Para acabarla de amolar, en la serie que hoy nos ocupa, el director técnico de la escuadra estudiantil, David Patiño, tuvo la feliz ocurrencia de poner a Malcorra como defensa lateral por la derecha, cuestión que fue aprovechada, a las mil maravillas, por los dirigidos por “el consorte de la liendre”.

El gol, recibido en Ciudad Universitaria y el primero en el coloso de Santa Úrsula, se originaron por la punta derecha americanista, en donde “Don Víctor” andaba de vacaciones.

El cancerbero Alfredo Saldívar, también tuvo vela en el entierro: el gol de Laínez en CU se lo come, toda vez que descuidó el primer palo, el primero en el Azteca le pasó por las orejas y el que encaminó a los de Coapa al triunfo, le quitaron la esférica, “como quien le roba un dulce a un niño”.

No puedo dejar de mencionar a Alan Mozo, quien es el típico canterano: que va a todas, sube, baja, se la parte, suda la playera, marca, aprieta, ataca, centra, lucha, encima… pega; terminó expulsado.

Mozo terminó siendo el jugador más indisciplinado del torneo, el que más faltas cometió, el que más amonestaciones recibió y  compartiendo el “honor” de aparecer entre los más expulsados.

No intento buscar pretextos ni chivos expiatorios, cuando se vence ganan todos y cuando se cae pierden todos ¡Cómo no te voy a querer!

Este análisis del desempeño de mis queridísimos Pumas, no pretende empañar el triunfo del América… ya lo dijo Taibo II.

Reglas y reglazos
Eduardo Brizio
[email protected]