Sin duda alguna, en estas dos últimas semanas el conflicto más importante en el estado ha sido el de los ataques y las descalificaciones en contra del Obispo de Cuernavaca, don Ramón Castro.
La verdad es que nadie con tres dedos de frente se explica por qué descalificar a un miembro de la Iglesia por un pleito inducido desde el gobierno. Cuando en política los rencores se fijan y en ellos interviene la soberbia del poder, la cosa se pone realmente fea, porque nubla la vista y crea rencores que no tienen por qué existir.
Es importante señalar que Juárez no se equivocó, que la separación Iglesia y el Estado es algo importante en un régimen político como el nuestro. Pero también hay que decirlo, el Obispo de Cuernavaca ha sido lo suficientemente inteligente para manejar este asunto sin salirse de la norma y que, a pesar de los ataques que sólo han hecho el ridículo, su figura se ha fortalecido de manera importante y -nos guste o no- ha tenido mucho mayor sensibilidad política que un gobierno que no ve ni oye, y que cree que lo que él hace es lo único importante.
La fe es la certeza de lo que no se ve, y ésta no se le tiene a los políticos, pero sí en la divinidad de un ser superior que nos gobierna, y nadie podrá -aunque ocupe el cargo que ocupe- poder ponerse impunemente en contra de la fe.
La prueba es que durante los largos años que han transcurrido desde las modificaciones de la Constitución del 57, en la que se separa a la Iglesia y el Estado, esa separación basada en la ley ha sido importante para la marcha institucional de la nación; pero la verdad es que siempre, desde que yo me acuerdo, los prelados religiosos han sido parte de la política, en la que los gobernantes les han dado un lugar; y así, llevando la fiesta en paz, hemos podido sobrevivir sin mayor problema.
Aquí le han buscado dificultades durante años y los ataques no han dejado de estar presentes, y cuando de parte del gobierno estatal se quisieron pasar de listos, el prelado reaccionó, convocó y se reunió con la mayoría de los que pueden sustituir al actual régimen; y eso es lo que les duele. Y, para acabarla, el Episcopado Mexicano le ha dado todo su apoyo con una carta sin precedente, en la que firman los obispos, arzobispos y cardenales de nuestro país.
Mire usted, y me da mucha risa, ya que mientras esto escribía me llegaron por el WhatsApp tres mensajes con los conceptos del Papa Francisco, mandados por diferentes actores políticos de la entidad, de diferentes partidos, todos coincidentes sobre el mensaje del pontífice que dice:
“Puedes tener defectos, estar ansioso y vivir irritado algunas veces, pero no te olvides que tu vida es la mayor empresa del mundo.
“Sólo tú puedes evitar que ella vaya en decadencia.
“Hay muchos que te aprecian, admiran y te quieren. Me gustaría que recordaras que ser feliz no es tener un cielo sin tempestades, camino sin accidentes, trabajos sin cansancio, relaciones sin decepciones. Ser feliz es encontrar fuerza en el perdón, esperanza en las batallas, seguridad en el palco del miedo, amor en los desencuentros.
“Ser feliz no es sólo valorizar la sonrisa, sino también reflexionar sobre la tristeza.
“No es apenas conmemorar el éxito, sino aprender lecciones en los fracasos. No es apenas tener alegría con los aplausos, sino tener alegría en el anonimato.
“Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida, a pesar de todos los desafíos, incomprensiones y períodos de crisis. Ser feliz no es una fatalidad del destino, sino una conquista para quien sabe viajar para adentro de su propio ser. Ser feliz es dejar de ser víctima de los problemas y volverse actor de la propia historia. Es atravesar desiertos fuera de sí, mas ser capaz de encontrar un oasis en lo recóndito de nuestra alma. Es agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida.
“Ser feliz es no tener miedo de los propios sentimientos. Es saber hablar de sí mismo. Es tener coraje para oír un ‘no’. Es tener seguridad para recibir una crítica, aunque sea injusta. Es besar a los hijos, mimar a los padres, tener momentos poéticos con los amigos, aunque ellos nos hieran.
“Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre, alegre y simple que vive dentro de cada uno de nosotros. Es tener madurez para decir ‘me equivoqué’. Es tener la osadía para decir ‘perdóname’. Es tener sensibilidad para expresar ‘te necesito’. Es tener capacidad de decir ‘te amo’.
“Que tu vida se vuelva un jardín de oportunidades para ser feliz... Que en tus primaveras seas amante de la alegría. Que en tus inviernos seas amigo de la sabiduría.
“Y que, cuando te equivoques en el camino, comiences todo de nuevo. Pues así serás más apasionado por la vida. Y descubrirás que ser feliz no es tener una vida perfecta, sino usar las lágrimas para regar la tolerancia. Usar las pérdidas para refinar la paciencia. Usar las fallas para esculpir la serenidad. Usar el dolor para lapidar el placer. Usar los obstáculos para abrir las ventanas de la inteligencia.
“Jamás desistas... Jamás desistas de las personas que amas. Jamás desistas de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible!”
Bello mensaje. ¿No cree usted?

Por:  Teodoro Lavín León /  [email protected]

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