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Uber, el servicio de taxis verdaderamente profesional, ha empezado a trabajar en Cuernavaca con inversiones privadas y -nos comentan- con la de funcionarios; pero, como todo lo hacen mal -a propósito-, la falta de sensibilidad y sobre todo el creer que todos son tontos, menos ellos, ya produjeron la primera víctima que fue golpeada por varios taxistas de Cuernavaca. Y, al parecer, la pobre mujer quedará paralítica. La falta de profesionalismo y el verle a toda novedad no el beneficio de los usuarios, sino “a ver qué saco”,  ha permitido que esto suceda primero, y a pesar de que ya estábamos llenos de taxistas dieron tres mil nuevas placas a un costo moderado -según las autoridades - lo que les significó un buen negocio; pero también desde luego atiborró la ciudad de una cantidad de vehículos impresionante. Fíjese usted en cada una de las colas que se hacen cuando maneja, y verá que la mitad o más de los vehículos que las forman son taxistas, los cuales desde luego iniciaron su trabajo con unidades bastante chafas, alguna que otra regular y, lo que es peor, con operadores –choferes-  muchos de ellos que en verdad no saben manejar; pero, como pagaron por las placas, gozan de total impunidad; se paran donde quieren y cuando quieren en doble o triple fila sin importarles en lo más mínimo los problemas que provocan con su manera de conducir.
Desde luego que ahora los concesionarios del transporte público sin itinerario fijo acusaron a las autoridades de tener intereses económicos con la empresa Uber -que desde este martes opera en Cuernavaca-; ante esto, anunciaron acciones legales “por permitir un servicio fuera de la ley”.
En conferencia de prensa, censuraron que el gobierno sea omiso respecto a la empresa privada que presta el servicio a través de un software.
“Resulta que viene Uber y el gobierno no se pronuncia y no hace nada, ¡que casualidad! Vamos a tomar actitudes legales contra el gobierno; el gobierno no puede permitir que sucedan estas cosas (Uber), ¿está coludido o qué pasa, cuál es el punto?, no lo entendemos. El gobierno tiene que cumplir con lo que diga la ley; y la ley dice que nadie puede prestar el servicio sin estar autorizado”, manifestó.
Fue claro en señalar que es responsabilidad de la Secretaría de Movilidad y Transporte combatir el servicio irregular “y hasta el día de hoy no ha anunciado ninguna acción legal para obligar a la salida de Uber del estado”.
Y aquí esta lo bueno, pues los taxistas sindicalizados presentaron en octubre del año pasado una propuesta similar al servicio que presta Uber, sin embargo, el proyecto fue rechazado.
El problema, señalan con una clara molestia, es contra la Secretaría del Trasporte; pero lo grave no es eso, sino que ya tengamos una víctima, pues no es aceptable que a una mujer que manejaba un taxi de Uber la hayan golpeado de esa manera y que quede para siempre discapacitada.
El líder taxista abundó: “No les importó, no entiendo por qué, la única razón tendría que ser el contubernio; yo no le estaba proponiendo nada fuera de la ley, solamente que tuviéramos un servicio empresarial, por decirlo de alguna manera, regulado y con placas de servicio público y con una concesión como la que ya tenemos. Y ahorita resulta que viene Uber y el gobierno no se pronuncia a su favor y no va a hacer absolutamente nada en su contra”.
Fuerte declaración en la que prácticamente señala que está el gobierno coludido con la nueva empresa, o que es parte del negocio. Uber es una empresa que dará servicio a la clase acomodada; y si eso ayuda, está bien, lo que no se vale es que hagan negocio de cualquier cosa y pasen sobre los derechos de los trabajadores del volante y expongan a los nuevos a mayores ataques.
Este problema está empezando y habrá que investigar quiénes son los prestanombres de aquellos que todavía quieren ganar más a costa de todos. Ahora es necesario que se castigue a los que agredieron a la mujer que manejaba un taxi de Uber, porque aquí en mi pueblo la verdad ya estamos hartos de tanta impunidad y que ya les falte sólo el antifaz con chaquira. ¿No cree usted?
PREPOTENCIA es lo que observamos el pasado viernes en el centro de Cuernavaca, con una cola de ocho dizque funcionarios para levantar una multa. Un sujeto de esos, después de hacer su entrada triunfal con la cara levantada hacia el cielo, no sé si para verse más grande, y amparado en una credencial del ayuntamiento, de forma majadera exigió las licencias y de manera despótica pidió que se le bajara a la música cuando el local ya había cerrado la barra. Sin importarles, sintiéndose los dueños del gran poder sólo porque portan una credencial, me hicieron reflexionar sobre las siguientes preguntas: ¿Por qué tantos para una simple multa? ¿Gana tanto dinero el ayuntamiento que mantiene a ocho funcionarios para levantar una multa?, ¿o las mordidas están tan grandes que, repartidas entre ocho, les alcanza? ¿Cómo extorsionan a los negocios que pagan impuestos por sólo ser empleados de segunda?, ¿quién le paga a tanta gente?, ¿por qué no se comportan como ciudadanos normales? ¿No cree usted?
 

Por: Teodoro Lavín León / [email protected]