No cabe duda que las cosas caen por su propio peso, muchas de mis amigas y familiares me dijeron cuando escribí una columna diciendo qué clase de funcionaria era la presidenta del Congreso Beatriz Vícera Alatriste, y perdón la falsa modestia no me equivoqué, aquí la carta de la que fuera su mano derecha durante este año que ha sido presidenta del Congreso del estado, lo que nos llena de vergüenza a los morelenses, cheque usted:
“El pasado mes de agosto te presenté un oficio formal de petición solicitando me fueran integrados los sueldos y prestaciones laborales devengados y no pagados y, lejos de cumplir con tu obligación, omitiste dar respuesta violando entre muchos otros, mi derecho de petición. No conforme con eso, te has dado el tiempo –mismo que no tuviste para concederme la audiencia que durante un mes te pedí respetuosamente- para difamarme y calumniarme en cualquier oportunidad que se presenta y en especial en las conferencias para los trabajos del Congreso que tan indignantemente encabezas. Lo has hecho frente a tus compañeros diputados, como si estuvieras en otro ambiente y no en el órgano público creador de las leyes que nos rigen y –siempre en mi ausencia- me has acusado y señalado falsamente de actos y actitudes que no corresponden ni a la realidad, ni a mis valores, ni a mi naturaleza, y en todo me has negado cualquier posibilidad de defenderme.
“Repites hasta el hartazgo que yo no quiero ningún arreglo y que pido muchísimo dinero. Es una vil mentira –hay que ser muy ignorante para creer que la cuantía se determina por la víscera y no por la ley, y hay que ser muy ruin para violar un derecho fundamental y encima difamar a la víctima- ni siquiera has dado la cara, no tengo comunicación contigo, por lo que a nadie y menos a ti le he hablado de dinero ni de cantidades, sino de los derechos laborales y humanos que reiteradamente violas, no obstante mi disposición manifiesta de conciliar civilizadamente. Te reto a repetir frente a mí, cuándo, en dónde y cuánto dinero te pedí. Como no puedes porque es mentira, te exijo una disculpa.
“No espero que lo entiendas pero sí que te lo expliquen (y ojalá no lo haga el mismo que llevó al Congreso a tantos ‘palos jurídicos’ porque te va a servir para idéntica cosa) que entre tus conductas está el fraude. Fuiste tú y no otra persona, en tu calidad de presidente de la Mesa Directiva del Congreso, quien me ofreció un cargo determinado quien me dio su palabra de honor (¿?) de instruir inmediatamente la formalización de mi alta administrativa, los pagos salariales retroactivos y los corrientes, fuiste tú quien me pidió que confiara en ti y que siguiera laborando normalmente, quien omitió deliberada e ilegalmente cumplir y quien dolosamente me engañó y se aprovechó de mi error de creer en tu palabra mientras te autoproclamabas defensora de las mujeres contra la violencia política, laboral, institucional, etc. Cuando que lo único que haces es utilizar a las mujeres y a las personas vulnerables que confían en ti, para tus fines.
“Más te valdría no hablar de méritos pues los tuyos son públicos y notorios pero no honrosos e independientemente de los argumentos baladíes (que te lo expliquen) que ahora esgrimes sobre mi familia, mi persona y mi desempeño y que como siempre, dejaste sólo en calidad de chismes –por falsos- en lugar de hacerlos valer por las vías y con los recursos que la ley concede, un trabajador de cualquier nivel, en cualquier empleo tiene derecho a recibir el salario y prestaciones de ley correspondientes y para una persona decente ese salario es sagrado: negárselo, robárselo o desviárselo, es aparte de ilegal, infame. Lo que define tu actuar.
“Tus valores y los míos son diametralmente distintos. Tú vas por la vida y escalas con mentiras, calumnias, traiciones, impunidad, abuso de confianza y de poder. Yo solo la vivo con el derecho, la ley, la honestidad, la honradez y la justicia por directrices porque a diferencia de ti, así me educaron y formaron. Nunca le he robado nada a nadie. Nunca he traicionado a nadie. No soy desleal. No acuso por la espalda y menos, sin fundamento. Nunca he pedido nada que por ley o por derecho, no me corresponda. Doy la cara y respondo por mis actos y omisiones. Reconozco mis muchos errores y trato de rectificarlos. “Procuro no hacer daño y si involuntariamente lo hago, intento repararlo. ¿Sabes? No es nada del otro mundo. Así actúa toda la gente de bien. Yo puedo mirar a los ojos porque no tengo de qué avergonzarme, tú miras a los ojos porque no tienes vergüenza.
“Mientes, Beatriz. Con la mano derecha estrechas la del otro y con la izquierda lo apuñalas. Te dices defensora de los oprimidos pero desde tu cargo transgredes los derechos de quienes no te adulan o se humillan por ti, de quienes te estorban o exacerban tus complejos. Abusar de una ventaja o posición es bajo y cobarde. Y ay, quien la viera, tan déspota en un espacio como servil en otro. La vida te ha tratado bien y te ha dado grandes oportunidades de ser buena persona pero tú empeoras.”
Ma. Angélica de la Torre Núñez rubrica a esta profesionista extraordinaria.

Por: Teodoro Lavín León /  [email protected] / Twitter: @teolavin