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Cuernavaca ha sufrido por primera vez en la historia los estragos de un temblor con su epicentro dentro de los límites de nuestro estado. Los daños son terribles, la mayoría de los templos del siglo XVI están dañados; la tradicional Latino Americana se quedó descapotada y sin estacionamiento; se cayeron muchas casas; varios de los viejos edificios están a punto de caerse y hay que revisarlos. Necesitamos recuperar nuestra ciudad y nuestro estado. Me enviaron una foto de una falla en la tierra entre el Popo y Axochiapan y el ejecutivo lo negó, pero la foto demuestra la veracidad de la información. La catedral está tocada y algo tenemos que hacer los morelenses, pero por ahora buscamos ayudar a los damnificados.

Jojutla está deshecha y el ejecutivo estatal, que aparentemente no conocía dónde queda en su entrevista en la televisión, junto con el presidente municipal, sólo parecen buenos para hacer declaraciones pero malos para dar ayuda.

Hay edificios como el de la Plaza de la Tecnología, donde quitaron muros de carga para hacer espacio y pusieron vigas de 12 metros para hacer el comercio más grande. Las vigas se fracturaron, las grietas son enormes y mientras tanto los vecinos están con el Jesús en la boca, esperando a que llegue Protección Civil, igual que en Chinameca, donde el 80 % del pueblo duerme en la calle.

Así en todos los conventos Patrimonio de la Humanidad, y va a costar millones repararlos. La pérdida de vidas humanas, en cambio, es irreparable y todos y cada uno de nosotros debemos de hacer algo para ayudar a los deudos.

La solidaridad se ha demostrado de manera clara, la ciudadanía ha sido verdaderamente excepcional con quienes padecen la desgracia; eso habla muy bien de los morelenses que poco a poco nos vamos dando cuenta de la verdad, de cómo quedó nuestro pueblo.

Estemos pendientes y ayudemos a nuestros hermanos en esta hora de infortunio; estiremos lo poco o mucho que tengamos para ayudar con lo más que podamos,  esa es la única solución.

Ya que ahora, como hace 32 años, hemos visto la solidaridad humana en toda su expresión, en Morelos se ha dado de manera importante y los centros de acopio -que son muchos- están totalmente llenos; la ciudadanía se ha volcado a ayudar a sus paisanos de manera ejemplar.

Pero la tragedia sigue, hay más de 18 municipios en los que la destrucción del temblor acabó con muchísimas casas habitación, con nuestros maravillosos conventos y con muchas instituciones como nuestra Secundaria Número Uno que quedó en mal estado; 45 edificios inclusive en la universidad, donde se dañó también el número uno que inauguró el presidente Díaz Ordaz hace 50 años, que quedó inservible y tienen que tirarlo, pues el daño estructural es fortísimo. Así, miles de casas, tres edificios en Alta Vista que también están para derruirse y hay doscientas personas sin casa.

La solidaridad se ha dado fuerte, miles de gentes ayudaron en el edificio de La Latinoamericana hasta las dos de la mañana, en que entró la maquinaria pesada. El presidente municipal nada más se dio la vuelta y ya había jóvenes de todas las clases sociales ayudando y profesionistas cargando escombros; en verdad emocionante el cuadro.

En Altavista, a varios empleados del Ayuntamiento se les veía sentaditos, jugando con el celular sin hacer nada; mucha mano de obra desperdiciada. En el albergue de la Secundaria 2 hay muchísima gente a la que le hemos llevado comida caliente, pero hace falta mucho, porque no va a ser de una semana el problema, sino que no sabemos de cuántos meses, y lo increíble: los empleados del municipio apáticos y verdaderamente fuera de lugar.

Llegan las camionetas llenas de despensas que se envían al auditorio, donde las están resguardando los maestros, hay grupos de empresarios que están mandando su ayuda de forma directa, pues no confían en las autoridades, pero ellos están haciendo su labor de manera particular.

Al parecer, hay desabasto en los hospitales y no hay ni medicamentos ni gasas ni nada; hace falta todo. A quien pueda ayudar se le agradece, pero el secretario general del sindicato del Hospital G. Parres informa que ese nosocomio está deshecho por dentro; el segundo piso está hecho un acordeón y no sirve para dar ningún servicio. Se tiene que tirar y reconstruir.

Pero al mismo tiempo la solidaridad fluyó y toneladas y toneladas de comida en latas, leche, jugos, aguas, sopas, frijoles y muchísimas cosas más se entregaban a los damnificados; mucha gente sin ningún cargo, a través de las redes sociales, señalando dónde recogerían la ayuda y llevando víveres en sus camionetas llenas, que ellos mismos repartían por aquello de la desconfianza.

Al parecer, la ayuda la entrega el DIF, pero al final la entrega la tomó la ciudadanía y hay mucha gente que lo está haciendo por su cuenta y llamando por más ayuda para Tlaquiltenango, Zacatepec, Tepalcingo Axochiapan, Jonacatepec, Zacualpan, Tlacotepec y Hueyapan, Chinameca y los pequeños poblados que casi nadie conoce, donde la cosa está peor y aparentemente no está llegando suficiente auxilio. ¿No cree usted?

Vivencias ciudadanas
Teodoro Lavín León
[email protected]