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Para comprender mejor a Paul Ricoeur, este extraordinario artículo de Alejandra Bertucci:
La hipótesis del presente trabajo es que la concepción del símbolo que Paul Ricoeur articula en sus primeras obras es heredera del Romanticismo alemán y que encuentra sus límites en el Estructuralismo.
Para demostrarlo, primero nos concentraremos en la oposición entre símbolo y alegoría, que Ricoeur usa para definir el símbolo en sus obras y que se origina en el movimiento romántico en los últimos 30 años del siglo XVIII. Una vez expuesta la génesis de esta oposición, veremos cómo los supuestos que implica, tanto gnoselógicos como ontológicos, están presentes en la propia teoría del símbolo de Ricoeur. Para terminar, señalaremos brevemente los cambios en su concepción del símbolo que generó el enfrentamiento con el Estructuralismo.
En la literatura estética del siglo XVIII los dos conceptos, o bien son usados como sinónimos, junto con otra serie de conceptos afines como jeroglífico, cifra, emblema; o bien, se reserva el uso del “símbolo” al signo puramente arbitrario y abstracto (los símbolos matemáticos). Sin embargo, ninguno de estos dos usos se mantendrá. En la evolución del concepto de símbolo veremos que primero se lo retira del ámbito de la razón abstracta para confinarlo a la intuición y luego se lo opone a la alegoría.
El primer momento está en Kant, quién en el parágrafo 59 de la Crítica de la Facultad de Juzgar invierte el uso de la palabra “símbolo” y lo acerca a su sentido moderno. Lejos de caracterizar la razón abstracta, el símbolo será propio de la manera intuitiva y sensitiva de aprehender las cosas. En el contexto de la afirmación “la belleza es símbolo de la moral” dice Kant que, para mostrar la realidad de nuestros conceptos, necesitamos de intuiciones; cuando son conceptos empíricos, estas intuiciones se llaman ejemplos, si son conceptos puros del entendimiento se denominan esquemas y, si son conceptos de la razón, se pide algo imposible porque no hay ninguna intuición que les conforme. Sin embargo, es posible tener una representación en tanto sensibilización simbólica de las ideas de la razón.
Para explicar su funcionamiento, Kant da un ejemplo. Si se quiere representar sensiblemente un estado monárquico gobernado por leyes internas populares se utiliza un cuerpo animado. Mientras que para representar un estado monárquico gobernado por una voluntad única se usa una simple máquina, como un molinillo manual. Podemos hacer esto porque, si bien es cierto “que entre un Estado despótico y un molinillo manual no hay por cierto parecido alguno, (aunque) sí entre las reglas para reflexionar entre ambos y su causalidad” De hecho, Kant remarca que nuestra lengua está llena de representaciones indirectas de esta índole, según una analogía a través de la cual la expresión contiene no el esquema propiamente tal para el concepto, sino meramente el símbolo para la reflexión; palabras como “fundamento”, “depender” o “substancia”. El parágrafo termina explicando cómo sólo en el sentido de una determinación práctica (y no teórica) nuestro conocimiento de Dios funciona de este modo; es decir, es simbólico.
Podríamos decir, en función del parágrafo considerado, que para Kant el símbolo es una manera intuitiva de representar aquello de lo que no tenemos concepto, y una vía de acceso no teórica a lo suprasensible. Pero todavía no se articula ninguna oposición con la alegoría. Será en la correspondencia entre Schiller y Goethe donde los términos se contraponen por primera vez de una manera crítica. Voy a concentrarme en el recuento que hace Goethe:
La alegoría se presta siempre a que se la traduzca en términos inteligibles por sí mismos, en un texto obvio y claro; una vez descifrado este texto más comprensible, nos desprendemos de la alegoría como de una vestimenta inútil; lo que la alegoría quería decir enigmáticamente puede expresarse ahora en términos directos y en un texto claro, así queda reemplazada por éste. Mediante su triple función de universalidad concreta, de orientación temporal y de exploración ontológica, el mito posee una forma peculiar de revelar las cosas, totalmente irreductible a todo intento de traducir a lenguaje corriente un texto cifrado. Como demostró Schelling en su Filosofía de la mitología, el mito es autónomo e inmediato, el mito significa lo que dice.
La referencia a Schelling es lo bastante clara y cierra nuestra argumentación. Ricoeur utiliza no sólo la oposición símbolo-alegoría articulada en el movimiento romántico, sino también sus presupuestos gnoseológicos y ontológicos. Tanto su definición de símbolo como de mito es dependiente de esa oposición básica.
La teoría del símbolo de Ricoeur va a ir sufriendo modificaciones desde la versión original de La simbólica del mal que hemos expuesto. En el libro sobre Freud (1965) se concentrará más en los aspectos epistemológicos de los símbolos en general y no tanto en símbolos concretos, prestando mayor atención al problema del lenguaje. E incluso hay una nueva definición de símbolo como aquella expresión de doble sentido que implica un trabajo de interpretación.
Un verdadero genio de la filosofía. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León /  [email protected]   Twitter: @teolavin