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Después de muchas administraciones municipales y estatales hemos vuelto a ser habitantes de “Cuernavaches Morelhoyos, la ciudad de la eterna brincadera”, pues la mala administración nos hace vivir en una ciudad donde los hoyos, algunos casi verdaderas piscinas, están cada día más grandes;  prácticamente, parece que se camina en una ciudad bombardeada, porque hay que esquivar al manejar hoyo tras hoyo, bache tras bache. Hay avenidas, como las que unen a Ahuatepec con la ciudad, que son realmente imposibles de transitar, y muchos ciudadanos de los que ahí habitan viven mentando madres, ya que circulan diariamente por las tres calles de salida y las de entrada que parecen estar en competencia para ver cuál tiene más baches y cuál de ellos es más grande, mientras la autoridad municipal no da una; pero lo peor es que no sólo sucede en el municipio. Trate usted de circular por las carreteras aledañas a Jiutepec, Zapata o a Tepoztlán, donde todos los fines de semana miles de cuernavacenses y chilangos vienen de visita, allá hay que ir más que al pendiente por la cantidad de baches de su carretera sin que nadie haga nada por solucionarlo. Para colmo, a veces le ponen al camino una mezcla de piedras con chapopote, que al primer aguacero se deslava y se vuelve más grande, por lo que los baches son realmente monumentales; y no digamos las banquetas, que parecen terminadas por un borracho: chuecas, mal pavimentadas y llenas de los agujeros que deja SAPAC, que es una empresa que esquilma a los ciudadanos porque da un pésimo servicio, y no sólo eso, roba y cobra como si fuera de primer mundo porque es la caja chica de las autoridades municipales.
La ciudad es un cochinero, toda sucia, llena de grafiti, con casas desbaratándose, sin que nadie haga nada; sus autoridades sólo son buenas para cobrar y quieren hacer creer que verdad están haciendo algo por la ciudad, que está abandonada a su suerte.
La cuestión de la basura funciona a medias y es otro negocio de las autoridades;  por lo tanto sólo sirve para mantener más sucia que limpia la ciudad.
La ignorancia de la autoridad no le permite de ninguna manera poder hacer algo para que exista la planeación estratégica que requiere para salir adelante; ni siquiera hay la planeación inmediata. Todo es de acuerdo al hígado y resolución de un funcionario que no existe en la ley y que es el todopoderoso en la ciudad aunque no la conoce, no la siente y, desde luego no la quiere y siente que no tiene porqué cuidarla.
En el gobierno local no saben decir más que palabras vacías y piensan que con eso y poner a sus cuates ya la hicieron; y están todos los parientes de los funcionarios estatales con los que están ligados de manera supuestamente política, quienes ni siquiera se dan cuenta de que son utilizados.
La ciudad está a la deriva y la seguridad cada día es peor, al menos en  la última semana a cinco de mis conocidos les han robado en su casa, a otros tantos los han bajado del carro a mano armada.
Tengo amigos que, luego de ser vaciada la casa vecina a las 3 de la tarde, han decidido poner electrificación y navajas, pero eso es no vivir. Tener miedo a que te roben, te asalten y te despojen de lo que has hecho con tu trabajo es verdaderamente doloroso.
La vialidad es verdaderamente un caos. El día de ayer, en la bajada del centro comercial Adolfo López Mateos para ir hacia la zona de Acapantzingo había un atorón de tráfico, ¿pues saben quién lo provocaba?, una patrulla de vialidad que estaba mal parada. Y entre la patrulla y los baches ya se imaginará el espectáculo.
Las patrullas llenas de policías sólo pasan cuando se van los rateros; al parecer están muy bien coordinados o comunicados, y cada día asaltan un negocio primordialmente en el centro en el fin de semana, cuando hay menos tránsito, y en la periferia entre semana.  Asaltan cualquier negocio, sea grande o chico, ya no importa, el chiste es que la seguridad brilla por su ausencia y el Presidente Municipal, al que le faltan tres dedos de frente, dice que la culpa no es de él. Tiene que entender que la ley le da la responsabilidad, que firmar un convenio no lo libera de una responsabilidad constitucional; pero, como quien sabe al menos mucho más que el alcalde y su manager de leyes no le hacen caso y lo tienen rebasado los problemas, la cosa está verdaderamente desesperante. Una ciudad antes tan bella, nuestra Cuernavaca, se ha convertido es una ciudad espantosa, sucia, mal administrada, con un desorden generalizado, con pésimos servicios y terrible inseguridad.
Los policías en el centro de la ciudad sólo sirven para chiflar y quitar placas, y casi en sus narices los rateros dan cristalazos todos los días, sin que nadie haga algo para detenerlos. En verdad, es increíble que vivamos en una ciudad con desórdenes de todo tipo y lo peor: que regresemos a ser Cuernavaches Morelhoyos. ¿No cree usted?