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Sin lugar a dudas, la falta de profesionalismo en la administración pública es una de las razones primordiales del fracaso de muchos gobiernos; y un caso clásico que todos conocemos es el del gobierno morelense.
La falta de profesionalismo no se da en muchos de los centros de trabajo de todo tipo. Hay que entender bien el término profesionalismo, el que se utiliza para describir a todas aquellas prácticas, comportamientos y actitudes que se rigen por las normas preestablecidas del respeto, la mesura, la objetividad y la efectividad en la actividad que se desempeñe.
El profesionalismo es la consecuencia directa de ser un profesional, un individuo que tiene una profesión particular y que la ejerce de acuerdo a las pautas socialmente establecidas para la misma. Las pautas de profesionalismo pueden llegar a ser muy variadas e ir desde aspectos físicos y de apariencia (tales como vestimenta), hasta actitudes morales y éticas (tales como el cumplimiento del deber en cualquier situación y realidad).
La noción de profesionalismo se relaciona, de más está decir, con la de profesión. La profesión es un tipo de oficio adquirido de manera legítima por una persona luego de realizar una carrera de estudio o trabajo que otorgue las capacidades, conocimientos y habilidades específicas para la actividad elegida. La actitud de profesionalismo, de actuar como un profesional, significa que a la hora de ejercer esa tarea o actividad, la persona se desempeña de acuerdo a los parámetros específicamente establecidos para la misma, como también de acuerdo a parámetros generales de conducta y moral.
El profesionalismo, sin embargo, puede existir en el caso de personas que no cuentan con una profesión legal y oficial, pero que aun así demuestran importantes rasgos de respeto, compromiso, entrega y seriedad en aquello que hacen. El profesionalismo es, sin dudas, uno de los rasgos más buscados a la hora de establecer empleos, pero al mismo tiempo puede llegar a ser difícil de medir en términos cuantitativos.
Evidentemente, hay algunos elementos que pueden ser claramente señalados como falta de profesionalismo, tales como la impuntualidad, el lenguaje agresivo y formas de comunicación o de manejo inapropiadas, la falta de compromiso con la actividad, la apariencia no apropiada, el establecimiento de vínculos afectivos con colegas o clientes cuando esto no está permitido.
Como podemos ver, la falta de profesionalismo es algo que vivimos todos los días, y los vemos desde el agente de tránsito de la esquina que no es un profesional de su trabajo, porque en lugar de dirigir el tránsito y de darle fluidez a la movilidad se dedica a ver quién trae placas de fuera para poderlo extorsionar; y así las cosas en cada una de las dependencias.
¿Cómo es posible que existan miembros de la “legión extranjera” que todavía se atrevan a criticar a los morelenses que les dan de comer?, no entienden que el dinero con el que se les paga es de los impuestos que pagamos todos los que trabajamos; no entienden que son privilegiados porque hay directores, como la del DIF, que es una señora sin profesionalismo exactamente, y secretarios que creen que con hacerse publicidad en las redes ya la hicieron, pero sus áreas de influencia están divorciadas de la sociedad.
Es censurable el no entender que cuando uno tiene una responsabilidad pública grande necesita rodearse de verdaderos profesionales. El responsable, es decir la cabeza, en lugar de andar de candil de la calle, debería dedicarse a supervisar y reorientar para evitar los errores. Ha sido recurrente la falta de profesionalismo: tales como que la averiguación previa no está bien hecha, en muchísimos de los casos; en el caso del rector de la UAEM, éste le ganó la batalla al gobernador y ahora no hay pretexto para que no le deposite lo que le corresponde, porque en la fiscalía todo hay, menos profesionalismos, los pobres agentes del Ministerio Público, aunque sean muy buenos, no cuentan con los elementos para poder trabajar, tienen computadores de cuatro o cinco generaciones pasadas, en las que tienen que recoger las denuncias de los ciudadanos, mientras los jefes cuentan con computadoras de última generación que valen miles de pesos aunque no sepan ni utilizarlas y las tienen de “apantalla tontos”, y a los que en verdad la necesitan no les funcionan las que tienen.
Y que quede claro que el resultado de la audiencia del señor rector es un gran resultado para la universidad, lo que me da mucho gusto personalmente porque soy universitario de corazón y desde luego porque le regresa calidad moral, que ahora hace mucha falta en la sucesión, en el templete de Morrow cinco miembros de la junta de gobierno, lo que se vio mal en este momento hay que aprender hacerse un lado y que no se confunda una cosa con otra, es importante dejar que el Consejo Universitario nombre sucesor libremente. Tarea no fácil porque, cuando se tiene un cargo público a pesar de que es prestado, es difícil dejar pasar la sucesión sin meter las manos. ¿No cree usted?

Por: Teodoro Lavín León / [email protected] / Twitter: @teolavin