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PAUL RICOEUR, está considerado como el más alto representante vivo de la fenomenología y es uno de los más importantes y célebres filósofos de nuestra época.
Sus trabajos han contribuido a difundir universalmente el término hermenéutica. Sus escritos cubren un campo muy amplio de temas, desde la historia de la filosofía y la fenomenología, la crítica literaria, metafísica, ética, religión, lingüística y semiótica, ciencias humanas, psicoanálisis, marxismo, y el tema del bien y del mal y conflictos de interpretación.
RICOEUR postula  que el estructuralismo y la hermenéutica pueden ser combinados complementariamente para analizar el lenguaje, significado y simbolismo cultural. Atribuye al lenguaje la base ontológica de la comprensión.
La hermenéutica, referida a descifrar e interpretar textos, concepto que se aplica a los estudios bíblicos, integrar una serie de ciencias, filológicas, lingüística, histórica, etc. Al igual que hace Heidegger (quien retoma el concepto hermenéutica de Dilthey para aplicarlo a su propia investigación).
El estructuralismo se refiere a la lingüística de Sosseaur, que utiliza los elementos de un sistema gramatical y sus posibles combinaciones.
La fenomenología se basa en un concepto filosófico existencial. Considera el significado particular de algo en la interpretación activa e intencional y consciente del sujeto que experimenta algo. Trascender es “ser-e-el-mundo”, es decir en relación directa de familiaridad con las cosas y proyectándose en el mundo.
Basándonos en estas premisas podemos ahora analizar el texto de la entrevista del Simposio Identidad y Cultura, (Santiago de Compostela) que Ricoeur  ha hecho famoso gracias a su claridad en los  conceptos:
1. - Dice que ya no existe un discurso dominante en la filosofía, la moral, la política o la religión porque ese es precisamente el signo de la postmodernidad.
2. -El papel de la lengua: “Una lengua es un instrumento autoreflexivo y de autoconocimiento, pero que no se afirma en oposición a otras lenguas, sino precisamente en convivencia con ellas. La convivencia entre idiomas ha sido habitual a lo largo de los siglos y rechaza que el concepto de nación pueda definirse  por el criterio lingüístico. Es más, considera “mortífero” que se usen las lenguas como
instrumento para definir una identidad. Insiste en que nuestra época esta caracterizada por la pluralidad.
Reconoce la afirmación clásica que cada lengua forja una identidad cultural pero entendiéndose que la identidad está ligada a lo exterior, a lo extraño.
La lengua funciona como un mecanismo de comunicación interna entre sus habitantes pero también como una manifestación al exterior de una comunidad.
El hecho fundamental no es la identidad sino la pluralidad humana.
La globalización no va a aplastar las identidades locales, pero el reto para los próximos años será encontrar un equilibrio entre globalización y regionalización.
...Cada lengua tiene una función distinta...cultural, política, económica...El caso de España es precisamente la demostración que cada identidad lingüística responde a un problema distinto de convivencia. Puede existir perfectamente un conjunto aunque  dentro de él convivan sistemas distintos de comunicación.”
Paul Ricoeur nos da en su libro Historia y Memoria 2000, la escritura de la historia y la representación del pasado, una reflexión interesante con una profunda sensibilidad fenomenológica, desde la problemática entre una escritura de la historia y la representación del pasado, donde se juega un cierto estatuto de fidelidad y verdad.
Ricoeur acepta el paradigma indiciario y antepone la memoria a la historia, lo que nos ayuda a solventar la cuestión de la verdad y la ficción en la leyenda. La narración comprende la base fundamental de la historia en la memoria y no en el documento (el documento no deja de ser un constructo, una constitución, no se da como lo haría la memoria). El método narrativo no sustituye los modos de explicación, sino que los hace visibles.
La memoria implica, de lejos, dificultades, aporías, ¿cómo saber entonces el grado de su fidelidad de estos juegos de visibilidad, lo hace mediante el concepto de representancia. Ésta revela el carácter epistémico de la memoria, basado fundamentalmente en la interpretación. La interpretación a su vez califica el deseo de verdad en todos los estadios de la operación historiográfica. Además, no hay prioridad real entre el pacto de fidelidad de la memoria y el pacto de verdad en la historia.
Nos señala la importancia de la memoria en la historia y dice en la pag. 3: “El problema de la representación del pasado por los historiadores puede enunciarse en términos de un pacto tácito que se establece entre el lector del texto histórico y el autor. El primero espera que se le proponga un “relato verdadero” y no una ficción. El segundo tiene entre manos el problema de saber si la escritura de la historia puede respetar ese pacto, cómo puede hacerlo y hasta qué punto.
interesante ¿no cree usted?

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Por: Teodoro Lavín León / [email protected] / Twitter: @teolavin