Durante la trigésima novena sesión, en asamblea extraordinaria, en el salón Las Flores de Mañanitas Casa Nueva, se nombró a los nuevos secretarios que acompañarán a los dos nuevos dirigentes del Grupo Empresarial Morelos.
En primer término, la escritora Lya Gutiérrez Quintanilla, en el espacio cultural, nos habló de la historia de la primera capital del país y primera capital morelense en 1869, la ciudad de Yautepec de Zaragoza, con la presencia del presidente Juan Álvarez y dio una clase acerca de cómo se formó el territorio morelense y la importancia de la identidad en nuestro estado después de ser el Tercer Distrito Judicial del Estado de México, al tomar posesión como presidente el mencionado general Álvarez.
El siguiente punto del orden del día fue realizar la votación de la siguiente cartera. Primero, el presidente propuso en Comunicación Social a Carlos Ayala, del que hizo una exposición de las organizaciones a las que pertenece; se leyeron las facultades de esa cartera y de la de Relaciones Públicas; se eligió en la cartera de Comunicación Social a su servidor Teodoro Lavín León. Para la siguiente cartera, de Relaciones Públicas, se eligió a Carlos Ayala; en la cartera de Participación Ciudadana quedó Mario Alcaraz; en Acción Social y Cultural la escritora Lya Gutiérrez Quintanilla; en Asuntos Indígenas la Compañera Isabel Quevedo; para Educación, la maestra Esperanza María Luisa Acosta Priani Velázquez, alias la “Viru”.
Quedó por lo pronto así conformada la dirigencia del Grupo Empresarial Morelos para el 2018. La semana entrante será la última celebración del año y se hará en el restaurante del ex presidente fallecido Rafael Aramburu, en homenaje a él. Felicidades a todos los miembros. ¿No cree usted?

LA MENTIRA
La mentira es una verdad declarada en algo que se sabe errado de concepto. Se oculta la realidad en forma parcial o total. Una cierta oración puede ser una mentira si el interlocutor piensa que es falsa o que oculta parcialmente la verdad. En función de la definición, una mentira puede ser una falsedad genuina, o una verdad selectiva, exagerar una verdad, si la intención es engañar o causar una acción en contra de los intereses del oyente. Las ficciones, aunque falsas, no se consideran mentiras. Mentir es decir una mentira. A las personas que dicen una mentira, especialmente a aquellas que las dicen frecuentemente, se las califica de mentirosas. Mentir implica un engaño intencionado y consciente. Tiene como sinónimos parciales: embuste, bola, calumnia, coba o falacia.
Las mentiras son conceptos equivocados de la verdad. También es mentira el acto de la simulación o el fingir. Por ejemplo: si alguien atropella a una persona y huye del lugar sin ser identificado y, después de un tiempo, regresa y se mezcla con los curiosos y finge indignación por lo ocurrido, está mintiendo a todos aquellos ante quienes simula o finge inocencia. En otras palabras, para mentir no se necesita decir palabra alguna.
Otra forma de mentira no verbal la constituye el hecho de hacerse pasar por discapacitado físico con el fin de obtener algún “favor” en provecho propio.
Mentir está en contra de los cánones morales de muchas personas y está específicamente prohibido como pecado en muchas religiones. La tradición ética y los filósofos están divididos sobre si se puede permitir a veces una mentira (pero generalmente se posicionan en contra). Platón decía que sí, mientras que Aristóteles, San Agustín y Kant decían que nunca se puede permitir.
En función de las circunstancias, se entiende que mentir para proteger a personas de un opresor inmoral suele ser permisible. Es el caso, por ejemplo, de las víctimas de una guerra.
Mentir de una forma que intensifica un conflicto, en vez de atenuarlo, generalmente se considera el peor pecado.
Un mentiroso es una persona que tiene cierta tendencia a decir mentiras. La tolerancia de la gente con los mentirosos habitualmente es muy pequeña, y a menudo sólo se necesita que se sorprenda a alguien en una mentira para que se le asigne la etiqueta de mentiroso y se le pierda para siempre la confianza. Esto, por supuesto, es moderado por la importancia del hecho al que se refiera la mentira.
Una mentira graciosa, más comúnmente como bromear, engaño con propósito humorístico, cuando la falsedad se entiende, no se considera inmoral y es una práctica utilizada ampliamente por comediantes y humoristas.
El filósofo Leo Strauss acentuó la necesidad de mentir para ocultar una posición estratégica, o para ayudar a la diplomacia. Así lo hicieron también los representantes de la filosofía política, desde Maquiavelo hasta la “mentira noble” de Platón.
Que las mentiras desaparezcan completamente del ámbito de la política, de la justicia, de la diplomacia, del periodismo y de otros muchos ámbitos de la vida social es algo virtualmente imposible, tal y como no pueden ser excluidas de las guerras que estas mismas actividades, supuestamente, deberían prevenir.
Como podemos ver, científicamente, la mentira no es nada bueno, pero en la función pública es una traición y así vivimos. ¿No cree  usted?

Por: Teodoro Lavín León /  [email protected] / Twitter: @teolavin